1 de octubre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Bien lo describía, en su comentario aparecido en la mañana del miércoles, nuestro colega que se refiere a diario a la Bolsa de Nueva York.

La singular zona de la tendencia del año donde los operadores -no sólo de acciones, sino de todo tipo de activo transable- «inventaron» la fórmula perfecta, al menos momentánea.

Y es que así como se ve trepar al mercado de riesgo en paralelo con lo que hace la cotización del oro (cuando ambos deberían excluirse entre sí por ser los polos opuestos) y en virtud de una notable amplitud de criterio y razones.

Subir si la economía viene mal, porque se aguarda que la Fed salga con su espada salvadora, a seguir inundando de dinero barato, vil.

O subir en función de la fase más sensata: porque se aprecien mejorías concretas en el estado de las economías.

A dos puntas

Una puesta en práctica de figura de antaño, a la que se señalaba como «quemar vela a dos puntas...».

Todo parece caerle bien a la evolución de activos que puedan ser refugio para sacarse de encima el dinero malo, regalado. Y cuando tal tipo de escenario es el que impera, todo considerando de nada vale. Es simplemente subirse al carro de la victoria, elegir un activo que sea del gusto del inversor, metales, mercaderías, materias primas, títulos públicos o privados, etc.

Todo está bien, nada es peor en el mundo de las inversiones. Aunque sigan lloviendo señales poco alentadoras acerca del contexto y el respaldo que debe provenir de las situaciones económicas en el mundo. En todo caso, lo que parece resultar con más asidero es el recorrido del oro, como refugio y atesoramiento -no como inversión, según la calificación ortodoxa- cuando se enfren-tan épocas peligrosas y no surgen los signos vitales necesarios para -por caso- saber que una crisis ha sido dejada atrás con seguridad.

De tal modo se llegó a final de septiembre, con andar en los índices bursátiles -lo remarcamos varias veces- que vivían de súbitos repuntes violentos -sin causa a la vista- y una seguidilla de ruedas donde solamente era intención conservar lo ganado con «el pico y la pala».

Buscarles razones a los resultados, después de verlos, es decir lo bueno y malo como uno solo.