8 de noviembre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Asimiló bien. Pero los ataques se sucedieron en la semana. Y es que, estudios mediante, cuando se cotejan las curvas de rentabilidad -y de riesgo- es sabido que a partir de cierta relación cada punto de más crea una satisfacción menor en los participantes que vienen enancados en suculentas ganancias. Todo está cada vez más en manos de la demanda. Y así como amplió hasta límites insospechados su capacidad para asimilar y seguir en avance, bien puede tomar la decisión de restar su concurso robusto y conseguir con ello que se produzca una brecha interesante en el índice.

Devorar y seguir siempre hacia arriba termina por atragantar cualquier movimiento. Aunque los más entusiastas no quieran oír hablar de bajas, las mismas son preservativas, hacen a la salud de un gráfico. Son los necesarios altos en la suba vertical para permitir un recambio de manos que se haga en orden.

Lo otro, la desesperación por no retroceder nunca, va acumulando presiones y exigencias que, en un punto dado, no podrán ser cubiertas.

La pasada semana alejó a nuestro índice Merval de todos los demás, inclusive doblegó al que parecía inalcanzable indicador IPSA -de Chile- en cuanto a ser lo más rendidor del ejercicio.

Demasiado en tan escaso trayecto, cuando hasta el inicio de septiembre el Merval estaba dando vueltas cerca del cierre de 2009. Terreno conquistado se suele tomar como terreno «escriturado», derecho adquirido, aunque es sabido que la tendencia de la Bolsa nunca tiene dueño. Solamente el juego alternativo de cuando falta «papel» y sobra «dinero», que después se convierte en el dibujo inverso.

Está claro que el «hot money» que invade desde el canal exterior empuja y no deja respirar. Pero también todos conocemos que es dinero de oportunidad y no porque confíe en «virtudes» de nuestras acciones. Con lo cual en el momento de decidirlo tomarán camino de salida e irán a otros puertos a repetir el plato de Buenos Aires.

Demasiado bueno para ser cierto, se produjo una zona de intenso goce inesperado en torno de los papeles locales. Las diferencias resultan sumamente sabrosas en muchos títulos, inclusive en aquellos de escasa liquidez que suelen quedar de costado. La habilidad del operador local está en no estirar demasiado «la goma», evitando que al cortarse le pueda dar en la cara.

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