30 de noviembre 2010 - 00:00

Cupones bursátiles

Parece solamente cuestión de tiempo. Como sucede en la naturaleza, aquellos animales que van quedando retrasados de la manada son los elegidos por el grupo de predadores que salió de cacería. Primero el mercado atacó a Grecia, después fue Irlanda; los que no pueden seguir el paso ahora son España y Portugal. A menos que puedan recobrar ritmo de algún modo, o los cazadores puedan darse por satisfechos -lo más difícil- solamente falta saber el cuándo del ataque final al pescuezo de la víctima.

Así, todas las semanas comienzan del mismo modo, escaseando ya las noticias «compensadoras», que de tan utilizadas han perdido su eficacia. Si además de los graves dilemas de las economías se debe lidiar con amenazas bélicas -como Corea-, el fin del ejercicio se va consumiendo en un hervor al que los mercados bursátiles tratan de escaparle como pueden. En tal sentido, el recinto del Merval deberá prenderle una vela a algún santo patrono -mejor que no sea la figura de Mercurio, tan ambiguo en sus protecciones- porque desde septiembre hasta aquí se hallaron focos salvadores que logran, como en la pasada semana, diferenciar el saldo de lo nuestro respecto de lo que sucede en el mundo -incluido Brasil- y dar ganancias del índice donde a los demás les trae pérdidas.

Aquello que antes pasó por las del sector bancario, en noviembre se afincó en sociedades relacionadas con la energía.

Y construyendo una robusta columna principal, de donde -después- se fueron sumando otras, periódicamente. Y es lo que ocurre cuando existe un potente foco en un listado, iluminando lo suyo y zonas aledañas.

Como lo fue hace ya un cierto tiempo Tenaris, que arrastraba al mercado por su sola gestión. O el show derivado de los bancos, como lo que se ha vivido en la actualidad con Pampa y Cía.

Como ignorando lo que sucede con el resto de competidores, Buenos Aires resulta el participante más porfiado en seguir colocando la proa y utilizando los diversos ángulos.

Corregir volumen a la baja, si hay debilidad extrema de demanda. O partiendo nuevamente, cuando algún suceso estalla y le otorga nuevo crédito. No pareció ser -hasta agosto- el ejercicio muy afortunado que irrumpió después. (Y que dure...)

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