18 de enero 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Unos que no quieren que se les recaliente la economía. Otros que desean seguir fogoneando sin importarles los efectos probables que ello genere. Las dos políticas actúan en consecuencia y acentúan la visión sobre que nadie posee la necesaria brillantez o clarividencia que consiga lanzar una fórmula que vuelva a colocar al convoy mundial sobre sus rieles.

Y también se percibe con eso lo mismo que solemos repetir acerca de los que operan en Bolsa: poseen la preparación y vocación exclusiva para cuando todo marcha bien. En cuanto aparece una época de tropiezos y caídas continuadas no tienen la disciplina mental ni la preparación necesaria para actuar con soltura en un «mercado bajista». Que, obviamente, es el tablero puesto al revés, pero que ofrece también grandes posibilidades de hacer regias diferencias.

Después están los que dejan paso al sentimentalismo, de pensar que «ir a la baja» es como traicionar a los amigos, o a los que están perdiendo. De entre la gran masa de quienes se quedan como sin saber hacia dónde disparar o tratan de vender huyendo emerge una élite generalmente profesional y que viene cómoda en sus cuentas para ir tomando lo que otros dejan sin miramiento. Y toman posición en los peores gráficos del mercado, eligiendo a gusto y voluntad, armando estrategias para esperar un poco y empezar a extraerles el jugo cuando la gran masa comienza a retornar. Preparar a la gente, inclusive a muchos profesionales, en el plan de cómo actuar en mercados bajistas ahorraría muchos contusos y además provocaría que el ciclo bajista durara mucho menos, al nutrir las bases con más «soldados» dispuestos a jugar en un mercado invertido.

Similitud

Le hallamos similitud con lo que estamos viendo en la situación de las economías actuales, donde no se sale de preparar grandes «salvatajes» temporales, para ir ganando tiempo. Lo que no da a luz ninguna respuesta sólida y que justifique el haber «ganando tiempo», con los primeros auxilios de orden: emisión monetaria. Lo vemos en Estados Unidos -cuna de supuestos «genios» económicos, de grandes universidades-, se replica en Europa, mientras los demás atienden su juego y cada quien con su propio librito. En la buena, «genios» sobran.

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