27 de enero 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Nos promovió inquietud ese tan brusco descenso del volumen negociado, característica de las dos primeras fechas de la semana. Con $ 39 millones escasos, después subiendo a $ 44 millones magros, estando el circuito completo y sin faltar la participación de Wall Street. Así que eludimos la pura memoria y repasamos la estadística. En todo diciembre, el volumen más bajo se anotó con $ 56 millones, el día «3», mientras que el promedio mensual por rueda de negocios rozó los $ 80 millones, para el último mes del ejercicio. La primera semana de enero sedujo a todos, marcando fechas de hasta tres dígitos, para encontrar una especie de bache profundo al culminar. Y cuando era esperable un ritmo creciente, bien movido en órdenes. ¿Será que desde los suburbios de Nueva Jersey, al que se llama «el nuevo corazón de Wall Street», las computadoras olvidaron al Merval? El centro denominado como «Direct Edge» ya sigue en dimensión de negocios al propio NYSE y al NASDAQ. A tal punto se ha llegado que la Bolsa de Nueva York, que concentraba el 70% de las operaciones con acciones, ahora solamente concretó el 36% de las operaciones. Y esto es solamente el comienzo de la avanzada, y el gerente de operaciones de tal centro dice que «el nuevo mundo es más justo, porque es más competitivo...». Y agrega que «contribuimos a quebrar el monopolio de la Bolsa de Nueva York». Es curioso de qué manera a todo se le aplica la etiqueta de «monopolio», como si resultara inapropiado. ¿Qué tiene de extraño que un centro institucional bursátil, que coloca a todos los protagonistas en escena, sea también el que concentre los negocios que se realizan? Todo el andamiaje, los papeles cotizantes, los gastos administrativos, los controles, el propio circuito que se utiliza a diario lo pone el NYSE, mientras que aquello que se crea en derredor aprovecha el centro de fijación de los precios, para obrar sobre ello y convertirlo en un circuito de apuestas, que cada vez se distancia más del espíritu y razón de ser de una Bolsa. Reciclar la inversión, para forjar una fuente de capital que engrandezca a las compañías. Si solamente todo queda reducido a un ganar, o perder, con la única condición de la velocidad de operar, la figura bursátil deriva en un simple «tragamonedas». Y, para peor, con casino avanzado sobre la institución que le da vida. Lamentable.

Dejá tu comentario