23 de marzo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Si hay un ejercicio que pinta ser letal para todo tipo de proyección, de pronóstico medianamente acertable, 2011 puede que sirva de ejemplo a futuro como ilustración de textos sobre mercados. Porque cuando uno menciona, insiste en que siempre hay que tener en cuenta una «zona oscura» de todo análisis, para no tratar de creerlo como sumamente confiable, es porque en el porvenir hay riesgos de distintas dimensiones que están allí, ocultos, acechando. Que pueden aparecer en secuencia, o cada tanto.

De diversos orígenes, tanto desde el desastre natural, como involucrando lo político, lo económico, o lo simplemente financiero. Cualquier repaso a simple memoria, y por una serie de ejercicios, nos traerá consigo los gráficos que debieron poseer una serie de «apostillas», para argumentar los picos y los valles de las figuras que se formaron.

Visión aterradora

Ahora bien, que una cuestión es un tipo de año «promedio» en lo que hace a tales variables desconocidas de antemano (por lo tanto, imposibles de tener en cuenta desde el presente). Y otra es encontrar un ejemplar como este 2011: que en menos de un primer trimestre nos arrojó por la cabeza una serie de males mayores. Y de diversos tipos. Para los que intervienen en el mercado de riesgo puro, acciones, la visión sobre el curso que se trae en el mundo es sencillamente aterradora.

Porque casi nada está resuelto todavía, todos los problemas graves están con las llamas, ardiendo, sin que se pueda establecer cuáles resultarán las derivaciones futuras. Y en tal caso, estamos hablando de lo que ya se produjo, de lo conocido en estos dos meses y medio. Todavía queda por delante la incertidumbre sobre aquello que tal vez se suma, aparezca en los nueve meses que faltan.

El antídoto clásico es el que asume la posición del real «inversor». Ni siquiera el de corto plazo, sino más extendido. Como para poder atravesar los incendios conocidos, y por conocer, desquitando después, cuando el ciclo de bonanza de reinstale. Es la figura del sembrar, dejar crecer, para recién cosechar. En cambio, los competidores que buscan el botín rápidamente están insertos en un vértigo con mil curvas peligrosas.

La esperanza: que 2011 haya dado ya lo más amargo. Y se torne más llevadero.

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