30 de marzo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

La Bolsa de Madrid está en el año siendo la que más sube, mientras en su economía la espada pende sobre su cabeza. Después viene Shanghái, con alza del 6 por ciento y escoltando a Madrid, que trepa un excelente 9 por ciento. Tercera la Bolsa de Nueva York, con mejora del 5,5 por ciento. Los chinos que tienen ya su regio tema, como es el sofrenar la inflación. Y que días atrás mencionaron «la debilidad de la economía global». En tanto, en Wall Street se está en medio de ratios a favor, otros en contra, sin poder escalar como se esperaba cuando iniciaron las medidas de reanimación. Por allí aparece el índice de Francia, con un Gobierno que cada vez se ve más cuestionado, agregándose con algo más del 4 por ciento. Y pare de contar.

En la región americana no se salva nadie; todos los índices dan saldos del año en descenso. Vale decir, un primer trimestre donde los activos accionarios resultan un mal negocio para las carteras, no sólo con su baja «nominal», sino por el costo de oportunidad, donde otros activos se han movido en buena forma.

Todo esto, de tono descriptivo, es para llegar a una sola conclusión: cada vez es más difícil llegar a un análisis confiable del presente. Y es simplemente temerario arriesgar un pronóstico sobre lo que tenemos por delante. Y si empezamos a detallar los que -por ahora- son los que pueden mostrar ganancias en el trimestre, cada uno llevando su propia y pesada mochila sobre las espaldas, no aparece detrás de ningún índice un panorama diáfano, contundente, para otorgarle respaldo a la evolución bursátil. Llevando al mínimo un posible causal, no queda otra que volver sobre lo mismo. Y esto es que se sube -en los que suben- nada más que porque se quiere subir. Y los que bajan, todavía ni gozan de tal privilegio tan primitivo, porque la demanda en los diversos centros no convalida la mejoría, a lo largo ya de tres meses de 2011.

Después, lo de siempre, la gran espuma mediática que se consigue alimentar, poblando pantallas y medios del mundo -con acento en el Dow Jones- da una «sensación térmica» mucho más importante que estar ganando algo más del 5% en tres meses.

Lo de Madrid, seguramente el caso más absurdo, podría entenderse desde aquello de «comprar los mercados en su peor momento» (con el riesgo que conlleva, si España también «explota»). Todo turbio.

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