13 de mayo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Si faltaba algún ejemplo más -para nosotros, lo sabe el lector consecuente, hace rato que no- acerca de la tendencia a la que ahora calificamos de «circense» y con epicentro manifiesto en Wall Street, lo de lunes a miércoles resulta un testimonio indefendible.

El modo en que se giró sobre los talones de una rueda para la otra y los motivos que impulsaron a cada una, para ir en direcciones muy opuestas, fueron unas de las tantas «piruetas» a que obligan a los índices globales. Y que todavía no resultan capaces de plantear una independencia del NYSE. A pesar de la enorme crisis de los Estados Unidos, al margen de que la entidad que es un símbolo del capitalismo se esté «subastando» (con anuencia de sus participantes), lo que parte desde allí es tomado al pie de la letra por los demás, salvo algunas excepciones (como la curiosidad del lunes, con América y Europa nítidamente a contramano).

Recordemos al lector que se subió en muy buena forma el martes, bajo la «gran noticia» de que habían subido las «tecnológicas». Y como esto no lucía como demasiado robusto, la industria mediática que rodea al negocio actualmente tuvo la gran idea de colgarse de los chinos, que habían anunciado un buen balance en el cuatrimestre. Bien, con esos dos motivadores solamente, hasta toda Europa disimuló que vive en un incendio (con foco en Grecia) y también se trepó a la onda verde.

Y del mismo modo, con total naturalidad, llegó el desplome a pique del miércoles. Motivo: porque la economía del Norte agrava su déficit. Y lo que arrastraron las tecnológicas un día, lo destruyó la novedad siguiente. Ida y vuelta que insumió fácilmente un tres, cuatro por ciento, entre los extremos y solamente en dos ruedas.

¿Qué nos dice el lector?, ¿está mal que hayamos comparado con un casino de Las Vegas a la Bolsa actual, y que ahora le agreguemos el grado de ser «circense», con las piruetas que se arman? Sería muy bueno poder decir otra cosa, poseer los testimonios para ello y dejar de manifestar que para intervenir en este tipo de mercados hay que hacerlo con la mente apostadora, porque las fichas caen sin ningún argumento, en cualquiera de las direcciones. Buenos Aires, parte del «gran tablero» glo-bal, no puede evadirse de ello y tiene también que dar saltos insólitos. Cada día todo comienza de nuevo. Sólo falta el: «hagan juego».

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