11 de julio 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Trichet, presidente del Banco Central Europeo, no se ahorró enojos sobre las «calificadoras» de riesgos. Queda claro, que un grupito, una pequeña estructura tipo oligopolio, probablemente no sea lo más deseable a nivel de la finanza global...». Un tanto desabrida, de trazo grueso, la expresión y sin llegar a jugarse a fondo. Lo cierto, es que otra vez se ponen de punta, frente a frente por la misma vía, los gobernantes y funcionarios europeos vs. los tradicionales nombres que califican deudas soberanas, entre otras. Un desafío quedó planteado, al mismo tiempo que la deuda de Portugal fue degradada a nivel de «bonos basura», el Banco Central Europeo aseguró que aceptará los títulos portugueses que se emitan. Pero ya se ha revitalizado el peligro italiano, más el nunca extinguido volcán griego, con lo cual la pulseada la están ganando -claramente- las casas calificadoras: sobre los solamente ansiosos políticos. Que quieren arreglar las situaciones con parches temporales, evitando los costos sociales que le imponen las medidas para corregir los desvíos y que se enojan mucho, cuando aparecen advertencias sobre que tales «soluciones» precarias, no restablecen los mínimos niveles de confianza, que deben respaldar a deudas emitidas.

Es, hoy por hoy y desde el estallido de la crisis, una tendencia que crece en todas las regiones; la de atomizar, tratar de suprimir análisis y voces que pongan en duda datos y eficacia de medidas que toman los gobernantes. Nadie de los ofendidos alcanza a explicar, salvo la tontería de «la profecía autocumplida», cómo es que -paso a paso- las crecientes sospechas sobre la economía de un país termina por hacer eclosión. Es decididamente estúpido suponer que las «calificadoras» posean la fuerza -y el poder- como para colocar en malas condiciones a los objetivos que deseen. Y sin haber razones para ello. Toda administración confiable, y con ratios sólidos podría soportar todo análisis sobre la misma y las entidades, seguramente, no atentarían por simple capricho sobre los Estados sanos y confiables. Pero, la enorme mediocridad que pulula en toda región y en esferas del poder de turno no resiste que se hagan públicas sus grietas y políticas endebles. El «oligopolio»: son ellos.

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