21 de diciembre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

 «Entre la decepción y la incertidumbre», tales eran los comentarios que provenían del exterior para darle marco a la pobre rueda del lunes. Dos calificativos que constituyen un apropiado resumen, no solamente para definir una rueda de 2011, sino todo el curso seguido por la tendencia. Salvo algunos pequeños oasis, se debió caminar por el terreno desértico de una crisis que vino a demostrarnos que el hombre podrá dotarse de la alta tecnología, pero que casi nada ha aprendido del curso de la historia del mundo y de los mercados. No interesa si en 1930 se enteraba de los sucesos por barco, o si los operadores tenían que extender la cinta de las máquinas de «ticker» (donde aparecían las cotizaciones) y ahora todo llega en tiempo real, desde el recinto más recóndito. La codicia y el temor, propios del ser humano, siguen siendo los grandes generadores de los ciclos. (Sin olvidarnos de los males que se han hecho mucho más difíciles de controlar, ligados a desvíos y corrupciones, o ventajas de juego). El título de la rueda del lunes nos mereció el concepto de: «El año 2011 se dejó morir...», derivado de aquello que mostraban los cables que llegaban. Y de la pobreza extrema en que se debió revolcar la rueda local, que no pasó de los 25 millones de pesos de volumen... y bajando.

Todo parece indicar que las «pócimas» tipo Harry Potter -o mago Merlín- quedan para los libros, las leyendas y las películas. Y que la única salida es que las sociedades de todo el mundo comprendan que habrá que ajustarse a una época en la que lo que se consiga de bienestar, y de pase de categoría, demandará el esfuerzo continuado y los años necesarios.

Quizás la clase media alta volverá a ser solamente «clase media». Los que accedieron y pudieron degustar los sabores de lo más alto tendrán que retornar a sus bases naturales. Y los que piensan que por tener una computadora los problemas están resueltos, acaso comprenderán que pura información no constituye sabiduría ni discernimiento.

«Decepción e incertidumbre», los dos términos para justificar el arrastrarse de los índices del lunes. Que bien se podría agregar el término de las certidumbres -que se trata de desconocer- como lo es el saber que todas las señales indican un duro peregrinar global hasta retornar a épocas normalizadas. Entrar a 2012 revestidos de tal pellejo puede ser actitud sensata.

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