27 de enero 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Apareció en escena nuevamente el que algunos denominan como «la leyenda de las finanzas estadounidenses» -así se encabezaba uno de los cables- y para otros, donde nos incluimos, resulta uno de los «tiburones» de los negocios que no titubean en devorar lo que sea, sin éticas, ni principios. Si se quiere corporizar la expresión de «los mercados no tienen piedad», de seguro que George Soros podría ser uno de los modelos para ilustrarlo. Y bien podría decirse que mientras se muevan dentro de la legalidad, o encontrando los vericuetos que siempre existen en las normas, no es sencillo juzgarlo. Otra cuestión es que se presente como moralista, o se lo quiera publicitar cono «filántropo», preocupado por la salud de las economías y -como lo hizo- criticando la posición alemana de pedir a los miembros europeos que posean disciplinas administrativas. Él manifiesta que «el resto de Europa no es como Alemania» (referido, seguramente, a las fortalezas de los números). Habría que preguntarle a Soros qué tipo de imagen común preferiría él que adopten en la zona. Acaso no vea con malos ojos lo que se difundió en estos días, acerca de que «ministro griego firmó ajuste sin leerlo...». Esto fue en 2010, cuando Grecia se comprometía a ciertos deberes, a cambio de recibir ayuda internacional. Figura que es muy habitual, la del deudor que firma lo que le pongan por delante, a sabiendas de que no lo irá a cumplir. Ni siquiera a intentar. (Parece la larga historia de nuestro país, en los «acuerdos con el FMI», donde casi nada comprometido por nuestros gobernantes se llevaba a cabo. Lo único que se quería era el desembolso de más créditos.)

«Me niego a tener que elegir entre el carro de bomberos y el incendio...» (bien ilustraba Winston Churchill). Elegir entre lo que proponen los alemanes y el desastre administrativo en que cayeron los griegos, impide tener que tomar posición. Unos son los bomberos, los otros, el incendio. Pero Soros, como otras figuras prominentes y que precisan la extrema liquidez, la debilidad de las monedas, las pésimas administraciones, para poder atacar y hacer sus negocios, ven con horror que se soliciten disciplinas, políticas y económicas, a los países. Éste es el presente que vivimos, donde son más los que promueven el tapar todo con ayudas sin exigencias. Y esperar por una siguiente crisis. Seguir negociando con aquellos que firman sin haber leído, que firman para seguir en la fiesta, es perder tiempo (y dinero de los demás). Así vamos.

Dejá tu comentario