27 de marzo 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Está todo tan mezclado, tan contradictorio en los cambios de dirección que afectan a políticas que involucran a sociedades cotizantes en Bolsa que cada vez se hace más turbulento intentar fijar posición sin que ello pueda quedar vulnerable, a que se interprete como sesgando el tema caprichosamente. El ejemplo salta solo, en el pasar de nuestra columna, donde tanto criticamos las acometidas oficiales hacia Siderar (exigiendo que votaran dividendos en efectivo), al tiempo que habíamos también juzgado como desaconsejable en alto grado la tendencia que arreció en 2011, respecto de dispersar fastuosos dividendos en efectivo, en medio de una época de probables balances flacos y gran incertidumbre por el porvenir global y local. Visto desde el presente, podría aparecer como que estamos a favor de lo que se pretende ahora, oficialmente, respecto de que no se paguen dividendos en efectivo.

Pero es que en columna de ayer expusimos el desacuerdo, con el lugar donde fue corrida la aguja y la pretensión. Porque creemos que tampoco es momento para exigir que los saldos acumulados se apliquen en «inversiones». Tomado como si todas las compañías fueran iguales, mezclando los rubros y las verdaderas necesidades de cada una al respecto.

El que nos parece el «justo medio», que asocie sensatamente los componentes, es que no caben repartos generosos del efectivo, tampoco realizar inversiones compulsivas, sino ensanchar los escudos para guarecerse de inclemencias. Y guardar recursos en «reservas voluntarias», hasta que vuelvan tiempos más normales. Por lo que no estuvimos con aquella oleada de dispersión de las empresas, en dividendos, como tampoco con obligar a utilizar el dinero donde al Gobierno se le ocurra. Además, porque las minorías no pueden imponerles condiciones a los directorios de modo unilateral (por más que la «CNV» se llame a silencio y busque atajos para justificarlo).

Y a todo esto, hay que volver a puntualizar que no es que las acciones no interesen porque prohíben el dividendo en efectivo -al menos, no es la razón para las posiciones minoritarias promedio- porque al pagarse sobre valor nominal (de $ 1) las sumas percibidas resultan «migas», ante la inversión real a precio de mercado. Lo peor, ya lo decíamos, es que todo sucede con sociedades listadas en la Bolsa para crearle al sistema una enfermedad adicional, que las otras firmas no cotizantes no sufren. (Un enchastre, al más puro estilo criollo).

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