25 de abril 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Otro lunes muy complicado para los índices de Bolsa, a partir de la depresión que abordó a los de Europa y sin que se alcanzara a poder compensar con alguna de las tantas «manos mágicas», que sacan desde Wall Street para eludir la guadaña. En realidad, sucedió lo que debía figurar en cualquier escritorio de inversiones que se precie de precavido. Por caso, que se formalizara la idea de una España en «recesión», con síntomas y ratios que la ubicaban en tal figura desde hace un rato largo. Y además, que en Francia se viera complicado Sarkozy, por uno de esos triunfos que no definen nada a favor. Una elección donde parece, de paso, definirse el porvenir de lo financiero en Francia. Porque si bien Hollande después trató de suavizarse, y pasar por lavandina frases muy duras y profundas contra «el mercado», si se instala en el poder... los operadores deberán hamacarse. Curioso reaccionar de las masas, salvo por un denominador común de buscar en el opuesto la supuesta solución.

En España pasando de izquierda a derecha, en Francia haciendo cierto camino inverso. Pero si todavía queda cierta lógica, la candidata que quedó tercera -a quien se señala como ultraderecha- debería acudir en apoyo del actual presidente, antes de pasarse a la vereda opuesta de su ideología. Pero en un mundo puesto de patas para arriba, nada puede llegar a extrañar demasiado. Lo cierto es que Europa «fusiló» a los índices de todas partes el lunes, yendo en caída libre Madrid -más del 5% de baja- y asegurando el desagradable primer lugar, entre los perdidosos de 2012 (segundo el Merval, detrás nadie).

Y nuestro indicador mayor, que en el desarrollo inicial de la semana no contó con las «muletas» que se advirtieron en la pasada etapa, quedando Grupo Galicia como una más asumiendo su destino (sin maquillajes). Volumen que se fue a pique, a solamente los $ 37 millones, alcanzando para evitar pérdida mayor, pero no más que para ello. Una marca que vulneró -en el intradiario- los «2300» puntos, para cerrar apenas por encima de la cornisa, dando pruebas de la debilidad que prevalece. Y donde la sensación segura de que el mercado esté «barato», está siendo puesta en duda seriamente. Las novedades de las economías son peores, no hay salientes a la vista de donde poder asirse y -en tal caso- reverdece la vieja máxima: «Nada es muy bajo para un bajista...» (esperando más).

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