25 de mayo 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Otra «joyita» de Wall Street explotó en días pasados, después de la vergonzosa declaración de J. P. Morgan sobre sus pérdidas por jugar a los «derivados». De inmediato apareció en escena el «show» de la colocación de acciones de Facebook y que al alcanzar su máximo esplendor recreó por un instante la imagen de la riqueza instantánea, especie de «sueño americano» traducido en lo bursátil. Al comenzar a cotizar sobrevino el desplome a pique, los fabulosos 109.000 millones de dólares de capitalización se hicieron humo en buena parte para quedar en 66.000 millones en un par de ruedas en que refresca lo que decíamos sobre YPF y la diferencia que existe entre «precio» y «valor» de una empresa como acción cotizante. Lo que en realidad «vale» Facebook permaneció inmutable, lo que cambió fue el rango de sus precios y el modo en que un dinero pasó de bolsillo a bolsillo.

Burla

Vale apuntar -qué coincidencia- que los encargados de la colocación fueron, en primer lugar, Morgan Stanley, pero como «princesas» estuvieron los viejos y conocidos bribones de Goldman Sachs y J. P. Morgan (que están en todas), junto con el Chase. Como burlándose de todo el mundo, no solamente de los norteamericanos, ya se delataron ciertas jugadas desleales para «inflar» los precios y salir a capturar a la masa de codiciosos que nunca falta (a cada minuto nace un tonto en el mundo, dijo alguien) y que son los que se quedaron colgados del pincel, cuando los truhanes les quitaron la escalera. La «SEC» debió tomar intervención, para investigar serie de hechos mal intencionados. Y los cambios de información, a último momento, que se les envió solamente a las grandes carteras y que el público común ignoraba. Una enorme «burbuja», inflada y pinchada en unos días, donde unos 50.000 millones de dólares cambiaron de dueños (como en mágico pase).

Lo que se armó como un espectáculo revitalizando la fuerza del mercado, resurrección de confianza en las empresas de Estados Unidos, terminó por demostrar también al mundo que nada ha cambiado. Que se piensan tropelías, como si nada hubiera sucedido. Y que los desvíos y estratagemas no ceden, mientras Obama se encarga de hacerle recomendaciones a los europeos. Y sin limpiar la casa propia. Lamentable.

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