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Cupones bursátiles
Sabido lo que ahora se trasladó hacia España, el estado de precariedad de su banca, hay que ver que un titular de banco al que lo tienen que socorrer con más de 20.000 millones de euros dice, muy suelto de cuerpo, que ellos no le deben nada a nadie y que no tienen por qué devolver la ayuda que les acercan.
Da la sensación -en muchos lugares- de que están llamando, de modo entusiasta, a las revueltas sociales. Y a que los gobiernos sean echados a puntapiés. Hace poco habíamos visto el caradurismo del titular de JP Morgan, anunciando la pérdida de 2.000 millones de dólares como si fueran moneditas. Y sin dar mayores explicaciones, manifestar sólo que se habían equivocado.
Con semejante marco, en los países principales -históricamente- a los demás les queda el ejemplo de saber que sea cual fuere el desvío, o el desastre causado, a nadie le sucede nada. Y cabe agregar lo de Francia, donde la «calificadora» que venía rigurosa con lo demás, ahora decidió darle unos meses a Hollande para proceder a modificar -en baja- la alta puntuación que les brindan.
Vivimos en un mundo de juguete, con su correspondencia en aquello que se cocina en los mercados. Zonas inexplicables, como las que se producen aquí en el año, donde se genera un vuelco formidable para pasar de la depresión al júbilo, y sin que exista nada que pueda refrendar la variante, desde algunos argumentos serios y lógicos.
Banqueros que siguen haciendo de las suyas, ciertas grandes carteras que pueden modificar los cursos de los índices casi a voluntad. Y millones de personas que se han visto arrojadas del sistema, debiendo ser los perjudicados de la crisis.
Nuestra Bolsa procede de una semana previa donde se abrevió bastante del terreno perdido antes, con la ocasión ahora de darle continuidad, o de dejar que todo se vuelva a diluir. Algún impulso más y hasta se podría pasar a contabilizar el año en positivo, por la fuerza del cambio observado. Milagro.


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