En plena lucha -que es cruel y es mucha, diría el autor de tangos- contra la impulsiva «dolarización» (y que se retroalimenta, por carencia de alternativas efectivas contra la comezón del peso), con alguna variedad en «bonos» que se sostiene en pie, las «acciones» como desaparecidas en acción, junto con «plazos fijos» que son netos perdedores al cabo del año: apareció un proyecto de cierto legislador para «gravar las finanzas». Que, obviamente, no resulta una pieza original y es tomada de lo que tanto se habló en Europa y en cabeza de los franceses. Lo primero que cabe suponer es que incorporar un impuesto inédito se piensa en la medida en que existan rentas de las colocaciones realizadas. ¿Cuáles resultan los instrumentos que puedan exhibir tal condición, en nuestro medio? Y si no interesa en absoluto -al que legisla- que tales movimientos financieros obtengan -o no- ganancias (reales, no de las «nominales» de números históricos), lo que puede hallarse es que, en vez de un impuesto: resulte casi un castigo. Es curioso el modo en que se procuran armar proyectos, o crear normas, y nunca aparezcan ideas que conlleven a recrear un consumido mercado de capitales nacional. Este aspecto lo hemos remarcado infinidad de veces -y no de ahora- respecto del mercado accionario, tema que más nos compete en esta columna. Si se hiciera un relevamiento de medidas y reglamentaciones, cambios sobre las que ya estaban, desde el ámbito de la «Comisión Nacional de Valores»: en ningún caso se hallará una que haya resultado de incentivo, de estímulo, de atracción, para que el sofocado sistema bursátil local encuentre una rendija para volver a la luz. Lo último surgido es la implantación de las normas contables, de modelo internacional, para que la clásica presentación de veloz entendimiento para todo tipo de operador e inversor: aparezca inútilmente intrincada. Junto con esto, los seguros costos -efectos colaterales- que han tenido las sociedades, para que sus equipos contables debieran variar toda la simple fórmula conocida. Pero retornando al punto inicial, pensar en un gravamen para lo financiero (habrá que ver qué es todo lo que se comprende en tal término) es como darles más razones a los sufridos que colocan dinero en el ámbito local, en pesos, para que decidan tomar la ruta que se quiere combatir. Nos sugiere una idea equivocada -y peor- en momento equivocado.
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