28 de agosto 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Esta semana, donde se desvanece el agosto bursátil, contiene una expectativa mayor: la de ver si nuestro mercado saldrá de la línea de «indigencia» en los negocios, que la dejó marcada en la etapa anterior. Y, al menos, puede retornar al segmento de «pobreza», franja donde está inscripta desde finales de 2011. Algún lector, varios, nos dirá que la expectativa es por desear que los precios consigan una levantada, en el cierre mensual.

No es que haya que desconocer esto último, pero es que un eslabón va unido al otro. En lo que puede existir distinta visión es en la importancia que cada quién les otorgue a las dos variables. Resulta claro que nosotros votamos por el volumen, que es lo que otorga respaldo a las cotizaciones. Y así como dentro de la turbulencia en que se vive, hasta debíamos «elogiar» esa serie de ruedas entre los $ 22 millones, rematados por los $ 25 millones del viernes, la razón para ello fue reconocer que era la única herramienta defensiva para poner en práctica, para que los precios no sufrieran.

De hecho, mientras el Dow cayó en la semana casi un 0,9% y el Bovespa lo hizo con el 1,1%, el Merval, tan raído en su contexto de órdenes, terminó casi neutral. Pero también hubo que refrescar aquello de: «la paz del cementerio», donde nada sale de su estabilidad, porque no existe vida. Apto y aprobado, como recurso de «última instancia», pasa a resultar un elemento peligroso y contrario si se quiere afianzar la permanencia con tal fórmula. Ante la alternativa, preferible que se produzca una expansión de órdenes dando salida a la oferta comprimida, con las cotizaciones sincerando sus pisos verdaderos. (Con el final de la semana anterior, nadie puede establecer en qué punto está el mercado.)

Si se quiere hallar un aspecto positivo, esto podría derivar de una oferta que está bien disciplinada, que se mantiene calma y se adapta al bajo ingreso de demanda. Que va en línea con el formato que posee la base del mercado actual -no sólo aquí- concentrado en escasas manos, carteras de orden institucional, o de operadores muy fuertes. Los que saben que salir a romper filas, si la demanda escasea, es jugar contra el propio dinero. Por lo cual, una mitad -la de la oferta- evidencia solidez y prolijidad, sin nerviosismos. Pero es muy preocupante la ausencia de compradores a estos precios, que aumentan exigencias -límites más bajos- para entrar. No conviene acumular presión: en un momento, escapa toda junta...

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