31 de agosto 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Aburren los mercados del mundo, en un final de agosto en el que solamente se siguieron mencionando «expectativas» (dentro de lo que ya es una aficción por esperar salvatajes, dinero que llueva) con la resignación -y el desaliento- por aquello que signifiquen reales mejoras en la economía global. Y el aburrimiento se hizo poco menos que insoportable en el recinto local, con las sumas de las órdenes y el saber -de antemano- que esas ruedas tenían la única vocación de no romper en baja sin chances para intentar ir a la ofensiva.

Por supuesto que en medio de la chatura y la orfandad de algunas señales relevantes, al lector también lo estaremos aburriendo. Apenas pudiendo encontrar alguna «perla» para armar un comentario, ciertas expresiones que contengan descripciones ingeniosas, o aseveraciones de algún vuelo extra. Al momento en que estas líneas se publiquen, el foco estaba puesto en declaraciones de la reunión de «bancos centrales» (a la que el país no asistió) en cuanto a los operadores del mundo. Mientras aquí solamente sobresale esa depresión de montos para el mercado de riesgo, en otra página seguimos recorriendo los balances de junio ingresados y donde cuesta reunir un grupo, de los que reflejen mejoramientos empresarios.

Si hay sorpresas, éstas provienen de ciertos nombres que parecían caminar arriba de las aguas, manteniendo un ritmo ganador implacable y que, a partir del segundo trimestre, también están sintiendo ciertos dolores en sus cuadros y capacidad de ganancias. Nada extraño: si una economía se contrae, la competencia se hace mucho más encarnizada, los costos se mueven más rápido que la facturación, los intereses y el tipo de cambio van mellando la zona de lo financiero. Y cada vez son menos las que pueden estar en su propio clima, sumándose a los problemas generales. Después, aquello que acecha y que asomó hace unas semanas para después quedar en segundo plano -por ahora- referido: al gravamen, sobre los activos financieros y bursátiles.

No ha resultado un agosto peligroso, como las leyendas que envuelven a ese mes en nuestro historial, de hecho, se obtenía alguna pequeña ganancia, pero lo que contiene como riesgos potenciales -junto con su depresión de negocios- no es para el entusiasmo inmediato. Más que pedir dinero fácil, habría que rogar porque la gente recomponga sus esperanzas.