3 de septiembre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Los modernos, difíciles de digerir, «ranking» de inversiones que son el menú de cada día siguiente al fin de mes, ahora los desmenuzan todo: buscando la pieza sofisticada dentro de cada segmento. Así, hemos visto cuadros que tienen a las acciones a la cabeza: simplemente mostrando un par de ejemplares que se fueron del marco, en tanto el rubro que las contiene es el de un índice y que -siempre antes- era el utilizado para manifestar el recorrido de la inversión Bolsa, dentro de una canasta de opciones. Entonces, en un agosto donde el Merval se mostró cuerpo a tierra en la meseta y con sólo un 0,33 por ciento de diferencia (mientras el de la Bolsa -general- bajó el 1,6%) ese par de especies se ubican a la cabeza del «ranking». Y en el total del ejercicio sucede lo mismo, en tanto que el Merval es uno de los pocos en el mundo -cuatro, con el IPSA de Chile que se agregó- que permanece debajo de la superficie: también ciertos nombres aparecen, como cabeza de listado de los mejores.

Tan dificultoso se hace poder encontrar alternativas positivas, que le ganen a la depreciación del dinero, que hay que colocarse un casco de minero y hurgar para encontrar algo que brille en lo que en la alarmante oscuridad de muchos activos (entre ellos, de modo especial, lo bursátil). Cada vez más adelgazada la base de los negocios, la Bolsa es un peregrino que cada vez se interna más en terreno desértico. Apenas sigue dando para que una comunidad diezmada en interesados, procure hacer pie en ciertos «bonos» de deuda pública, o que el afortunado pueda hallar la veta en unas pocas especies accionarias -casi todas de escaso mercado- como para arrancar un par de flores de tal desierto. Las relaciones de variables de agosto son más que preocupantes, porque marca tendencia decadente que no se detiene -en negocios- y que ha llegado a límites de mínima insospechados. Con la repetición, la excepción se tornó habitualidad, y cada escalón descendido goza de excepciones a la inversa: cuando aparece un misterioso latigazo de órdenes. súbitamente, que eleva los montos por una rueda, o pocas más.

Todo está contribuyendo a que la rueda bursátil se quede encajada en la huella, últimas disposiciones sobre las operaciones, más otras de carácter financiero general, sumado a la escasa emoción que parte de los números empresarios. El sistema está en una hondonada, grave, pero quizás el lector vea acciones como grandes figuras (desde algún «ranking minucioso).

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