19 de septiembre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando en el río las aguas bajan, dejan al descubierto los mástiles de barcos hundidos. Y en el mercado, al retroceder el caudal de demanda, también quedan al descubierto ciertos picos de máxima, que deben soportar los recortes. Rueda como la del lunes, donde la euforia de una semana plena en sucesos y hechos reales -no en simples expectativas y versiones- depararon regias ganancias globales debió pasar a ser rápidamente defensiva. Cada índice procurando devolver poco de lo antes conseguido en una fecha donde se trabajó con un vacío de informaciones distintas. Esto fue el detalle: ya no aparecía el Banco Europeo, o Alemania refrendando las ayudas. Tampoco había un Bernanke difundiendo otro paquetón de ayuda a su economía. Solamente un dato menor, por comparación, pobló las pantallas y las redacciones. Un ratio sobre Nueva York, hablando de una caída -a tres años atrás- en su segmento «manufacturas». Los europeos se habían puesto al día durante el viernes por el descalce horario. Todos habían extraído sus regias porciones y la semana mostrando saldos suculentos. Por aquí lo del viernes había sembrado dudas racionales para los que miraran sin intereses ni euforias desmedidas, por cuanto el total de los montos en efectivo había retrocedido en vez de ampliarse para convalidar los aumentos finales del Merval. Esto traía consigo un interrogante sobre la reanudación del lunes, ya sin posibilidad de hallar otro «notición» reforzando lo anterior.

Y, una vez más, las leyes básicas se cumplieron y siendo tan simples, también son contundentes: «Precios y volumen deben ir en la misma dirección»... siempre. De ahí que, en la rueda del lunes, el volumen negociado bajó varios escalones -con $ 33 millones- produciendo un brutal rebaje de marcha, respecto de los $ 66 millones del jueves (nada menos que un 50% de recorte).

El Merval cayó el 2,54% y la ausencia de más demanda se hizo así cruel, porque ni siquiera comprimiendo negocios se pudo esquivar la fuerte merma en precios. De todos modos -como consuelo- había una instancia todavía peor: que con precios cayendo, el volumen hubiera ido hacia arriba. Por el momento, lo que repicaba en los informes globales era lo de una «toma de utilidad», en la gran mayoría de los recintos. Figura que, de ser así, debería revertirse de inmediato. Lo más preocupante puede que sea el que ya no existe expectativa de nada y cada cual debe atender su juego.

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