19 de octubre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Olvidemos velozmente -tal como parecen hacerlo los operadores de mercado- el freno en la economía de China, después de que se la veía como el sostén de la crisis. Los malos datos asiáticos, la burbuja que envuelve a Grecia. Supongamos que la «expectativa» por un país que decida solicitar «salvataje» -España- es un dato auspicioso, como para festejarlo con alzas. Y que algunos datos menores, de los cientos que andan sueltos, resultan prueba de que Estados Unidos anda mejor (tras la tercera ronda de ayuda de la Fed). Lo que impulsa a los muchachos de Wall Street, para que «vaya por más récords» el Dow, como se lo mencionó en la semana. Entre el olvidar y el suponer hay una brecha sumamente amplia a la que le faltan los tangibles hechos, concretos, indudables, para poder rellenarla. Pero en el juego de los mensajes, periódicamente se puntualiza -desde Europa- que recién se está «a mitad de camino» (para salir de la crisis). Con lo cual, aquella estimación dada por Merkel hace bastante tiempo ya («salir de la crisis llevará una década») se mantiene flotando, aunque también se la pasó de largo en la memoria operativa. Si el olvidar y el suponer son en la época moderna buenos estimulantes positivos y aptos para reemplazar a los hechos: pues, que cualquier pronóstico y proyección resulta con algún asidero. La única «contraindicación» que podría leerse es que la realidad haga surgir cuestiones concretas y negativas: para sacar del ensueño a los que vienen en tren de olvidar, todo lo que luzca como pesimista. Y darles valor de realidad a las que sean expectativas y suposiciones. A partir de un Dow Jones que alcance nuevas cumbres, los demás competidores podrían -y por qué no- aspirar a toda una comunidad de índices globales, gozando las mieles alcistas. Tal como nuestro Merval, que ha visto cómo pasaban nueve meses y medio, para llegar -el miércoles- a colocarse con un mínimo de positivo, nominal, en 2012. Si es por olvidar, y suponer, los argentinos en tal materia somos de las sociedades más prestas para ello. (Por caso, olvidar lo que pasó hace unos años con títulos de deuda y arriesgar con «bonos» provinciales.) El problema es que las acciones no dependen ya de lo que se suponga en el ámbito local. Porque la mayor parte del escaso volumen no es de inversores domésticos -se comprueba cada vez que Wall Street no opera- que, en buena medida, lo que suponen es que la Bolsa local no es opción para colocar su dinero. Y eso es un hecho.

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