- ámbito
- Edición Impresa
Cupones bursátiles
Después de muchos avatares para poder fundarse, la Bolsa nació bajo la figura de ser una «sociedad particular». Así se mantuvo desde 1854 hasta 1890, tiempo donde se modificaron normas de la Nación y esto obligó a tener que elegir entre las figuras habilitadas legalmente. La directiva bursátil optó por la de ser Sociedad Anónima, pero de inmediato se instaló una razonable polémica. ¿Cómo ser empresa de tal característica cuando se tenían asociados y no accionistas? Y más todavía, cuando no se emitían títulos accionarios de la Bolsa y no se repartían dividendos. La solución, para saldar la discusión, dejó la figura a medio camino a partir de allí, aclarándose que era una sociedad «sui generis», sin que esto fuera obstáculo para acatar las disposiciones de la ley (en lo que hace a presentar balances, realizar asambleas y demás obligaciones). Para pasarlo en limpio, desde el aspecto práctico nunca se desenvolvió como una formal sociedad anónima aunque debió asimilarse a tal formato -entre los que estaban disponibles en la época- y al fundarse se la constituyó con la imagen más parecida a la que hoy todavía posee (cambiando los términos en cuanto a que se la denominó «sociedad particular»). Ahora, el proyecto enviado la vuelve a querer encuadrar en el tipo de «sociedad anónima», aunque es donde habrá que esperar a cruzar el río y que la ley se vaya poniendo en práctica.
Si la idea de ahora es que sí se emitan acciones y se paguen dividendos se abre la incertidumbre sobre que habrá de gestarse un «grupo de control» -por mayoría-, que los títulos deberán tener un precio (y que los asociados de ahora, abonando cuotas, quedarían afuera). En una palabra: nuevos dueños, con fines de lucro. Hmmm...


Dejá tu comentario