16 de noviembre 2012 - 00:00

Cupones Bursátiles

No habíamos reparado demasiado, ante tanta terminología que se aplica -y se inventa- al hablar de situaciones de las economías y de los mercados en qué carga emocional se derramaba sobre operadores e inversores del mundo al inyectarse lo de «abismo fiscal». Que, todos lo saben, tiene que ver con la problemática que se vive en los Estados Unidos. No sabemos quién es el que colocó por vez primera el rótulo, sí se sabe que en el mismo día en que Obama se proclamó ganador de las elecciones la definición tomó altura, se infló como un globo, se repitió por toda pantalla y medio disponible, casi de modo permanente. Hasta que se fue impregnando, como un pegajoso «chicle», no solamente en la difusión, sino en la mente de las personas.

El miércoles pasado fue el día, creemos, donde más allá de las habituales consideraciones de otros temas, resultó título indiscutible, gobernando las bajas globales del día. Ver al Merval decreciendo el 1,5% no es novedad, ni provoca sorpresa, lo mismo para los europeos que andan a los saltos a lo largo de todo el año. Pero lo llamativo fue ver al Dow Jones, que después de asumir rebaje del 2%, casi enseguida debió digerir otro del 1,4%.

Ya no tuvieron resultados las apelaciones a ciertos ratios menores, o jugar con los subsidios al desempleo, que servían para paliarlo todo. El «abismo fiscal» parece un literal terreno profundo que fue absorbiendo lo poco que quedaba de entusiasmo y demanda. La baja de negocios también se hizo problema en todos los centros, desde Wall Street hacia abajo, mientras el rótulo amenazante repiquetea en las mentes. Esto ha resultado un problema desde hace mucho tiempo, multiplicado a partir del avance en las comunicaciones e internet.

No se calibra la medida de los apelativos, viéndose con frecuencia que la palabra «euforia» y su reverso «derrumbe» se utilizan con habitualidad ante cualquier repunte o rebaje de las simples ruedas diarias. Así como las de «boom» o «crac» son calificaciones para utilizar muy de tanto en tanto, a través de un ciclo, las otras mencionadas también se tienen que utilizar en su justa medida (como el condimento en las comidas). Los excesos que se producen parecen ser producto de quienes quieren decir algo más resonante, que atraiga la atención, en desmedro de quienes mantienen una posición equilibrada. Lo del «abismo» fiscal es desafortunado (sólo propio del show que siempre montan en el norte, sin considerar sus efectos.)

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