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El miércoles pasado fue el día, creemos, donde más allá de las habituales consideraciones de otros temas, resultó título indiscutible, gobernando las bajas globales del día. Ver al Merval decreciendo el 1,5% no es novedad, ni provoca sorpresa, lo mismo para los europeos que andan a los saltos a lo largo de todo el año. Pero lo llamativo fue ver al Dow Jones, que después de asumir rebaje del 2%, casi enseguida debió digerir otro del 1,4%.
Ya no tuvieron resultados las apelaciones a ciertos ratios menores, o jugar con los subsidios al desempleo, que servían para paliarlo todo. El «abismo fiscal» parece un literal terreno profundo que fue absorbiendo lo poco que quedaba de entusiasmo y demanda. La baja de negocios también se hizo problema en todos los centros, desde Wall Street hacia abajo, mientras el rótulo amenazante repiquetea en las mentes. Esto ha resultado un problema desde hace mucho tiempo, multiplicado a partir del avance en las comunicaciones e internet.
No se calibra la medida de los apelativos, viéndose con frecuencia que la palabra «euforia» y su reverso «derrumbe» se utilizan con habitualidad ante cualquier repunte o rebaje de las simples ruedas diarias. Así como las de «boom» o «crac» son calificaciones para utilizar muy de tanto en tanto, a través de un ciclo, las otras mencionadas también se tienen que utilizar en su justa medida (como el condimento en las comidas). Los excesos que se producen parecen ser producto de quienes quieren decir algo más resonante, que atraiga la atención, en desmedro de quienes mantienen una posición equilibrada. Lo del «abismo» fiscal es desafortunado (sólo propio del show que siempre montan en el norte, sin considerar sus efectos.)


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