19 de noviembre 2012 - 00:00

Cupones Bursátiles

Leímos la entrevista realizada por nuestro diario a José Cirillo (exsecretario de la Bolsa), conocido caminante de las lides del mercado bursátil local. Al menos, pensamos, es un hombre del seno de la actividad y no uno de tantos, porque ahora todos opinan, aunque no tengan ni idea, acerca del «proyecto» que ya está en el horno, bien adobado, para convertirse en ley.

Mientras tanto, para matizar las horas, releímos la ley vigente -la «17.811»- a la que llevarán a la tumba y ésta poseía solamente «58» artículos. La que ahora se votará consta de unos «155» artículos, más del doble. La diferencia es que aquella vino a poner en orden, en caja, a darle un marco legal y serio a lo que previamente era un verdadero caos, un estado casi anárquico de las normas a seguir por el sistema. Es decir, la «17.811» resultó una piedra basal para poseer un andamiaje bursátil, dentro de cierto cauce.

Así, se trabajó desde 1968 hasta la actualidad y nunca -salvo que alguien lo certifique- la actividad bursátil local estuvo en tela de juicio, ni local, ni internacional. Los que quieran contar otra historia, que lo hagan. A nosotros no, porque no la compramos: y menos los últimos cuarenta años que, este diario nos dio la ocasión para vivir en el día por día. Volviendo a Cirillo, en sus respuestas se advierte que navega en medio de las aguas, porque nadie puede estar totalmente esclarecido acerca de que todo lo propuesto -y a votar- fuera necesario. O que vendrá a cambiar de cuajo cuestiones que estaban vigentes. Y, lo más importante, que esto signifique -realmente- un avance para el sistema bursátil argentino. En uno de los puntos, concuerda con las tantas veces que hemos predicado en nuestra columna. En cuanto a acercar más «mercadería», más sociedades a la cotización bursátil, cerrando -de paso la tendencia actual, y desde hace bastante-, de salirse de los paneles de la Bolsa. También Cirillo habla de empresas abiertas, cotizando, versus las de capital cerrado. Y advierte, como nosotros, que si no se otorgan ventajas a unas sobre las otras -de índole fiscal, especialmente- ningún empresario se va a exponer a abrir su capital. Como están las cosas, seguro que tal idea no habrá de prender para llevarse a cabo. Pero es la que crudamente hay que mencionar, si no se ven con ventajas, no vendrán a cotizar. De todos modos, el verdadero dilema no es la «mercadería», sino conseguirles compradores. Y eso, amigos legisladores, tampoco se logra porque cambien las normas de actuación. El tiempo lo dirá.

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