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Cupones bursátiles
Desde el día de hoy, en realidad desde algún tiempo antes al hoy, es obligación «especular» acerca de 2012. Con las limitaciones que implica sondear el gran y convulsionado «tablero global», las muchas cuestiones de fondo en las economías y que siguen sin resolverse.
Con señales que amainar, para después remarcarse, en cuanto a ver que se está saliendo de la selva de la crisis: el poder «especular» con cierta precisión escapa a las conclusiones de quienes se dedican puramente a lo bursátil. Con lo cual, el alto grado de exposición al concierto mundial -donde nadie ya se salva solo- es una valla bastante alta para saltarla con simples argumentos internos de los mercados.
Y en nuestro terruño, a un mes del final -y en tiempo de expreso- se debió asumir toda una remoción hasta los cimientos del previo sistema bursátil vigente. En tal caso, también el «especular» sobre lo que habrá de sobrevenir (en el primer semestre y cuando la ley se reglamente y se aplique) es casi materia insondable. Por ahora, se sabe qué nuevo sistema se pondrá en marca, pero nadie puede asegurar que ello produzca lo que se pretende: sacar de la decadencia a la inversión bursátil en nuestro medio. Hay una capacidad de maniobra seriamente acotada, junto con ello una serie de desplazamientos y nuevos movimientos en el ambiente donde -está claro- lo tradicional ha sido barrido de cuajo: para dejar lugar al nuevo marco y sus participantes. Éste es el punto principal: no es que se producen cambios, para que los mismos protagonistas se amolden a ellos. Sino que el trasfondo de lo legislado es erradicar de plano todo el andamiaje del sistema. Donde muchos no tendrán lugar y tantos otros habrán de incorporarse.
Tan amplio y profundo es todo, que las mismas empresas cotizantes han quedado en medio de las reformas: con gran flanco expuesto, la íntima vida societaria y sus resoluciones. Por todo, «especular» sobre 2013 es riesgo de «estrés»...


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