El pasado viernes -7 de diciembre- se cumplió un nuevo aniversario de la Cámara de Agentes y Sociedades de Bolsa, a la que dedicamos nuestra columna cada año. Conviene, en tiempos en que todo se mezcla en expresiones de improvisados, puntualizar que esta entidad -una de las muchas que están adheridas a la Bolsa de Comercio- es independiente del Mercado de Valores (aunque, en ambos, revisten los agentes bursátiles). Otras veces hemos desplegado la síntesis de su historial y que, bajo diferentes denominaciones, entronca con las raíces tradicionales del sistema. Hoy, sólo recordar que la fecha elegida como fundacional tiene relación con la primera hoja de operaciones labrada en la Bolsa de Comercio, en 1854, un 7 de diciembre. Las novedades, tan cruciales, aparecidas en noviembre y en relación con una nueva ley sancionada, hacen que el presente impida que todo se resuma a nota recordatoria por un nuevo aniversario. Antes de ello, cuando arranca una nueva época y con la apertura sancionada para que el mercado bursátil reciba a muchos nuevos habilitados a las transacciones profesionales, preferimos -a través de este día- recordar, homenajear a los que expusieron el irremplazable «arte de operar», haciendo plaza dentro del recinto. Los que suponen que la tecnología lo es todo, que una terminal electrónica es capaz de suplantar la experiencia, la defensa de una orden, la sapiencia para saber «leer» el tiempo de un mercado. Para avanzar con todo impulso o hacer la pausa necesaria, para incentivar -o tranquilizar- a un cliente demasiado sanguíneo: podrán sostener lo tecnológico, pero no demostrar por qué es mejor. Confundir velocidad con habilidad. O el «despachar» órdenes y calzarlas, con la sensibilidad para ejecutarlas: será lo mismo. Y hay un aspecto esencial, el agente de Bolsa en plena función era un «formador» de nuevos inversores, no un mero espectador. Mucha tecnología, lo que viene apunta mucho más a ello, para cada vez menos gente del lado que precisa el mercado. Abundancia de «asesores», escasez del cliente. Una pobreza, asistida por máquinas e internet. Lástima que el supuesto «ahorro público» lo mueven las personas, que piensan, sienten, vienen o se van. Nos tomamos la licencia de hablar del puro «arte» del agente bursátil, en el Día de la Cámara de Agentes y Sociedades de Bolsa, que los reúne.
Aprendimos mucho de ellos...
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario