12 de diciembre 2012 - 00:00

Cupones Bursátiles

El muy buen columnista diario -que escribe en «Ámbito»- dedicado a las ruedas en Wall Street aportó una serie de datos singulares y muy llamativos para los que, como nosotros, no están en los pormenores del día por día del Dow ni en los saltos estadísticos. Toda la nota del lunes es sumamente ilustrativa, trazando -además- un paralelo con el andar de nuestro mercado local. Por ejemplo, nos refiere que ante la escasez de negocios, «el 18% de la operatoria de la rueda se concentra en la media hora final del día, favoreciendo a unos sobres otros...». Esos clásicos artilugios -cuando la frazada es corta- que muchas veces surgen en ruedas finales de un mes para maquillar un desarrollo previo, junto con los puntuales «retoques» sobre la campanada final (y que acostumbramos a observar en nuestro medio). También agrega el columnista que «el volumen diario, promedio, fue en este año -con cuatro de los meses calendarios más pobres desde 2007- el menor desde 2008...». Una última pincelada completa el cuadro: «La capitalización bursátil del NYSE -respecto del total mundial- que alcanzaba un 52% con Bill Clinton, se contrajo al 33% en la gestión de Obama...». Sin embargo, lo que siempre se resalta en los medios es el índice del Dow y que con nivel de 13.155 puntos -el viernes- parece generar una sonrisa de alegría. Que, en verdad, resulta todo un cascarón sin sustancia, empujado por «hábiles manos» y no menos «pícaros artistas del análisis». Pero ya que hablamos en columnas pasadas de la época a plena tecnología que se viene a nuestro mercado -pretendiendo ser una solución para crecer-, cualquiera puede convenir en que la catedral tecnológica de los mercados se halla en el seno del NYSE. Como se pudo ver, esto no impidió la deserción y la decadencia de negocios que acompaña a aquel mercado, desde 2008 en adelante.

También, en punto a «seguridad» y normas, lo que se aplica en Wall Street contiene casi todas las garantías.

Sin embargo, tampoco el principio de una seguridad bien ajustada posee seducción para atraer a inversores, dinero del ahorro público. Antes que tecnologías y seguridades lo «fiduciario» prevalece: la confianza o la desconfianza. La codicia o el temor. La esperanza de las personas pensando -especulando- que los activos de riesgo merecen ser tomados. Lo otro es el «chasis», esto último es el «motor». El que vale.

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