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Cupones bursátiles
¿Dónde han ido a parar esos billones, derramados con las máquinas de fabricar dólares? ¿Qué tipo de castigos les ha cabido a los que -de modo indudable- llevaron a todas las economías a la crisis? De eso no se habla. Casi todo sigue en su lugar, los grandes banqueros procurando que el Gobierno siga tratando de taponar las heridas, mientras las mismas prácticas se continúan realizando. Y se ingresa a 2013 con la misma carga de dilemas que vino acosando desde los inicios del drama, hace ya unos cinco años. En todo caso, qué podría aguardarse: que al hallar algún «parche» momentáneo, los mercados ingresen en zona de festejos vacuos. O que, de última, la puesta en práctica del plan original de Obama tenga los efectos imaginados. Después, cada recinto con su propia problemática e intentando jugar sus propias fichas. En Buenos Aires, no existe explicación -racional- posible para darle sustancia al incremento logrado por el Merval de diciembre. Que lució enérgico y atropellador, cuando los demás se movieron como podían. ¿De pronto hubo una corriente de demanda, que advirtió que las acciones loca-les eran «baratas»?. ¿Y que las tres más devaluadas resultaban las principales del indicador ponderado?
En esta nueva moda de denominar como «agente aggiornado» a personajes que se han denominado así a sí mismos, los que están con toda la iniciativa de quedarse con el sistema bursátil local, todo puede alcanzar una explicación masiva que a nosotros no nos llega. No hay viejo ni moderno, hay bueno o malo, hay ciertas premisas «de oro» que no podrán variarse, a menos que las fuercen temporalmente. El Merval local se «arrastraba» entre los tres únicos negativos del año, hasta noviembre.
De repente, resultó un jubiloso triunfador que cerró el ejercicio salvando el mes y el total del año -con su casi 16% de aumento- y lo que era ignorado se convirtió en un éxito. La verdad, que lo cuenten a otros.


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