18 de enero 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando no aparece ninguna novedad en el firmamento, los mensajes para dar justificación a los movimientos de los índices globales -en baja, como fue de lunes a miércoles- se aferran a «la preocupación de los operadores por el estado de las principales economías del mundo». Un tema que es la madre de cualquier otro y que no varía de una semana para la otra. Lo que sí varía es que, ante el surgir de un acontecimiento de superficie, el problema pasa a segundo plano y se da preeminencia a lo que es de importancia ilimitada. En tal caso, algunos balances individuales de buen aspecto -en Estados Unidos- o cierto ratio de los chinos que aliente a pensar en ellos como los salvadores del mundo. Por aquí no nos quedamos a la zaga, produciendo tanto un par de ruedas mortecinas y con consecutiva caída de negocios a un inmediato reflotar -como el miércoles- sin que se sepa su procedencia (más que suponer que el movimiento sobre el dólar «marginal» haya detonado la búsqueda de papeles como el «bien sustituto»). También retornó el show sobre papeles de energía -eléctrica- que ya habían tenido fuertes saltos convulsivos, después acallados, para retornar con fuerza durante la rueda de mitad de semana. Salvo que resulte preámbulo para anuncios de aumentos tarifarios -cuestión que está de moda en todos los segmentos-, esos balances por conocerse a diciembre serán seguramente tan malos como los que ya pusieron en emergencia a todo el sector.

Rueda donde los precios del índice se entonaron a espaldas del mundo, pero los negocios con acciones apenas si salieron de la base anterior. De 35 a 38 millones, de martes pálido a miércoles radiante, no mostró nada importante. Solamente una oferta que se hizo más rígida en sus límites, dejando que los compradores debieran mejorar lo que ofrecían para tomar algunas cantidades. Mientras el mundo económico está muy mal, en todas partes, las Bolsas están luciendo demasiado bien y desvinculadas de los mandatos naturales, que deben imprimir sus tendencias. Todavía no hemos visto ningún comentario donde se explique de qué manera las malas condiciones de las economías dejen a salvo a las empresas. Y éstas, a los títulos que las representan. Se dirá que es «anticipo» de mejor tiempo, una carta comodín que suele surgir, pero ignorando que también se puede estar peor. Como ha venido sucediendo en cinco años. ¿O no?

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