5 de abril 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

No queremos que escape de nuestra columna un hecho que apenas ocupa una mención accesoria en los temas que se abordan en los medios, pero que es otra muestra de la que llamamos la "escuela de bribones" que es Goldman Sachs.

La noticia habla de un exoperador de la compañía que seguramente decidió aplicar el entrenamiento recibido bajo el mismo techo donde se había formado. Operador de la propia entidad, que manejaba una cuenta especial y donde fue acumulando operaciones no autorizadas por un total de 8.000 millones de dólares. Al emprendedor discípulo de Goldman Sachs lo detuvieron, acusado de "haber engañado a su empleador, al ocultar intencionalmente la verdadera y gigantesca dimensión de sus apuestas...". Una "joyita" actuando en los mercados y que en lugar de estar haciendo tropelías por el mundo, como muchos ex de Goldman

Sachs
que hasta han ocupado -y varios todavía ocupan- cargos de gran poder dentro de instituciones, y hasta de países, se animó a desafiar a quienes lo habían formado. Por debajo de la superficie de la noticia, corre el más preocupante caudal: el que impone de la realidad de ver que nada ha variado como para intentar realizar los cambios de fondo que promovían los desastres que originaron la crisis global. Entidades y ejecutivos que quedaron sin castigos, viejas prácticas que no se han derribado, donde periódicamente surgen nuevas evidencias de que -así como el Dow Jones está rozagante, con altura superior a la antesala de la crisis- sin salir todavía del pasado y presente desastre ya se está gestando el siguiente proceso. Pretender reconstruir sobre cimientos previos, y totalmente quebrados, es el modo que se emplea, en lugar de destruir esas bases vergonzosas para -después- empezar a levantar paredes de una estructura financiera que forme una muralla con el pasado desastroso.

En los principales centros de poder político y económico, todo entró en una meseta, y procurando que los desvíos que derivaron en el estallido global sigan con plena vigencia. Con lo que la precaria estabilidad solamente se constituye en una tregua y -posiblemente- discípulos tan hábiles, como el caso que referimos, se multiplicarán en los pliegues de los mercados más potenciados y con muchas más estratagemas que antes. Una segunda generación preparada en la crisis y que puede resultar mucho más letal.

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