8 de agosto 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

No lo vamos a dejar pasar en nuestra columna, porque resulta uno de nuestros temas favoritos: seguir todas las tropelías y desvíos, en el epicentro de la crisis, que tiene como actor principal el nombre de: "Goldman Sachs".

Nadie que observe con cierta atención los hechos que tienen -de modo directo, o indirecto- la presencia de esta entidad: puede dudar de que no es pura casualidad, sino lo que va produciendo una enorme y siniestra maquinaria financiera, que ha formado discípulos en todas direcciones. Muchos de ellos, trepando hasta cargos ejecutivos dentro de los gobiernos, o prestando asesorías -caso Grecia- que terminan por estallar.

Hace unos días, se conoció un fallo en Estados Unidos donde -a instancias de cargos presentados por la SEC- salió condenado un "trader" -ahora ex- de Goldman Sachs, que tiene sólo 34 años, quien habíase hecho de fama con un seudónimo, "Fabulous Fab", que le servía para atraer clientes, que después serían grandes víctimas de la crisis. En algunos de los mails cruzaba bromas con su novia: donde contaba cómo vendía "bonos tóxicos", a las viudas y los huérfanos (lo que describe su perfil despiadado).

Fue hallado culpable en seis, de los siete cargos, pero solamente él es el que está esperando, el calibre de la condena que le impongan. Se dice que Goldman Sachs le financió su defensa: pero, es lo único que hicieron, antes de sacárselo de encima. A todo esto, cuando los casos de los bonos explotó, cual resultó la estrategia utilizada por la entidad formadora de estos bribones: habiendo sido también demandada, la compañía se allanó sin luchar, aceptó las acusaciones de la SEC y aceptó pagar 550 millones de dólares -por fraude- de multa (una suma récord) aunque eludiendo admitir, o negar, alguna responsabilidad en el espinoso asunto.

Solamente aceptó que iría a modificar algunas prácticas que llevaba adelante. Todo esto evidencia el calibre de los delitos que se habían armado, pero -también los que se armaron con posterioridad (maquillando los negocios sucios y expuestos) porque así como Goldman Sachs arregló lo suyo con esa multa (para ellos, unas monedas), el andamiaje que derivó en la crisis, que todavía se sufre, está casi intacto, con las mismas entidades, muchos de los mismos directivos, culpas que recaen en simples empleados. En tanto, la caldera del negocio prosigue generando lo mismo. Más sofisticado.

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