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Cupones bursátiles
John, sumamente hábil, elabora una estrategia para elevar su sueldo, y la puso en práctica.
En el puerto buscaba las listas con nombres de inmigrantes alemanes y gracias a que hablaba la misma lengua, se comunicaba con ellos y los invitaba a conocer las oficinas de Bear Stearns, donde les ofrecía una merienda.
Gracias a su poder de convicción, lograba ganar clientes para la firma. Y por cierto una nada despreciable comisión.
Con el transcurrir del tiempo Slade comenzó a dominar el juego de Wall Street. Era un especulador nato en bonos, acciones y derivados; lo importante era ganar dinero. La oportunidad de su vida se le dio en 1940.
Específicamente el 9 de abril de ese año, con buena información, (vaya a saber de quién) Slade "shorteó bonos noruegos (los shorties toman papeles prestados y los venden, porque especulan que van a bajar. Si realmente bajan, los compran a menor precio y los devuelven). Puro juego y muy peligroso.
Al día siguiente, 10 de abril, los alemanes marchaban hacia el país escandinavo. Los bonos se derrumbaron estrepitosamente. Slade se salvó, ganó 80.000 dólares en la "operación" demostró tener un excelente timing en el negocio, por lo que tomó las riendas del segmento de arbitraje de Bear Stearns.
Después se enroló como soldado norteamericano y se reencontró con su Fráncfort natal. Al finalizar la guerra se quedó un tiempo en Europa para abrir filiales de Bear Stearns. Compró papeles alemanes cuando nadie daba ni cinco centavos por éstos, y ganó mucho dinero. Murió en 2005 a los 97 años trabajando con pasión. Fue muy respetado en Wall Street, en sus más de 71 años de vinculación con los mercados.
Slade consideraba que el éxito estaba compuesto por un 80% de suerte, el 10% de inteligencia y un 10% de trabajo fuerte. Si usted está identificado con estos conceptos y además los ha podido concretar, permítame felicitarlo, es un elegido y... no hay muchos.


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