29 de noviembre 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

Ayer decíamos que así como hay opiniones -de calificados economistas- que contemplan el estado de crisis como un escenario permanente en el mundo financiero, los personajes siniestros no cesan de aparecer. En nuestra columna los remarcamos, aunque las informaciones que deberían escandalizar a las dirigencias globales se instalan como una noticia más, de sólo un día, mientras los mercados atienden al sube y baja de los precios, con operadores que tampoco se alteran, por participar en un escenario seriamente contaminado. En tanto los indicadores den positivo, todo se ve con complacencia, hasta lo que es abominable. Y abominable puede resultar un buen pie para recibir a nuestra figura condenable de hoy: la señorita Blythe Masters, que haciendo honor a su apellido se constituyó en una versátil maestra para acuñar diversas tropelías. No por casualidad, directora en el banco JP Morgan (el mismo que tuvo que aceptar una multa de u$s 14.000 millones, recién cerrado el acuerdo con las autoridades). Esta mujer accedió a la fama por haber sido la creadora del "seguro contra default" y proveyendo otro instrumento para que los grandes en problemas distribuyan el riesgo entre personas poco advertidas de la bomba que le ponen en la mano, con forma de bono. Seguir el derrotero de la invención de Masters es una galería impresentable donde los de Morgan convencen nada menos que al Banco Europeo para poder imponer los llamados CDS: que es transferir el riesgo a otro inversor. El Banco Europeo aceptó una fuerte suma anual, si quiere llámele un soborno, a cambio de avalar el riesgo de Exxon (petrolera en problemas, por derrame de un buque suyo en Alaska). Pero la señorita después entró en una serie de operaciones con mal final, se jugó en apuesta fuerte sobre precios del carbón, en 2010, y perdió. Tras ello, la detectaron en un duro "doblete" en contra, tanto con manipulaciones sobre el precio de la plata (el Morgan es uno de los mayores tenedores del mundo). Y, después, maniobras muy desfachatadas en el mercado eléctrico (le contaron ocho desvíos en total).

No resulta creíble que la decidida señorita haya hecho todo por sí misma; la plana mayor del banco estaría de acuerdo, es de suponer. Pero quedó en la vidriera y todavía no la echaron porque, dicen, su indemnización sería una fortuna para la entidad. (Presos no van nunca...)

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