El ejercicio bursátil 2013 está haciendo su ingreso a la terminal, con un índice Merval que se continuó floreando en la cumbre del ranking global (y casi duplicando sus valores de fin de 2012). ¿Volumen?, así, también en el último cuatrimestre aportó el otro componente del crecimiento logrado: alcanzando sumas de tres dígitos en muchas ruedas, de octubre en adelante. Ergo, un ejercicio para ser rotulado como fantástico y que no fue como derivación del contexto, sino de un avance de tono muy particular, utilizando a las acciones como alternativa válida para defenderse de la inflación que todo lo desagia. ¿Adónde queremos llegar con esto?... pues que si hay un año como para no tener quejas en nuestra Bolsa fue éste. Excelente no sólo para los inversores, sino para empresas y grupos de control que han visto revaluar sus papeles. Sin embargo, en vez de producir el efecto benéfico de atraer a más sociedades cerradas para que vengan a la oferta pública: a fin de temporada dos nombres más se agregan a las que toman por la salida definitiva del mercado; son A. Estrada, nombre de mucha historia en la cotización, junto con el todavía más pesado de Indupa.
Extraño contraste el mencionado, cuando se poseen las condiciones casi ideales que puede ofrecer una Bolsa -valorización y liquidez, volumen- para cumplir su misión de dar una fuente para financiarse sin costo, las compañías no cesan de aumentar la sangría de especies listadas. Tal imagen, mortífera pensando en el porvenir de un mercado al que le faltan productos, se nos ocurre lo más destacable. En paralelo, queda boyando el hecho de las condiciones que se ofrecen, para pagar las acciones que están en juego. El grupo que adquirió el paquete de Solvay, en Indupa, habló de ofrecer $ 1,35 por título (dicen, lo mismo que se pagó a Solvay). La acción, en la efervescencia del mercado, excede en mucho los $ 5,0 en el panel. Dos extremos muy abiertos, pero en medio de ellos está la clásica forma en que se liquidaban los "derechos de receso": el valor técnico, de libros, de la sociedad. En el caso de Indupa es de $ 2,80 al tercer trimestre: cifra que constituye una suerte de equilibrio entre las puntas. Y no suena descomedido apelar a tal valuación, que surge de la relación entre capital y patrimonio neto. Cada parte defenderá lo suyo, pero los extremos no lucen como sensatos y -acaso- la verdad está en el medio.
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