6 de enero 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

Hablamos en columna pasada de la "alta vara" que tiene colocada el Merval para el año iniciado y debiendo enfrentar a competidores -especialmente de la región- que han tenido un desafortunado saldo en 2013. Curiosamente, al Merval ganador con el 89% de utilidad lo rodearon el 14% de caída anual -para el IPSA, chileno- y más del 15% para el Bovespa, brasileño.

Un tercer vecino americano, el Mexbol -de México- pudo sacar la cuenta más suavizada que como estaba meses anteriores y concluyó con negativo de sólo un 2,2 por ciento.

Estos tres indicadores forman como un collar de fuego, dejando en el medio al índice de Buenos Aires. Esto tiene poco que ver con el alimento de capital de riesgo de nuestro sector financiero (donde no es sencillo que se aventure a jugar fuerte en mercados externos, como los nombrados). Pero también es cierto que su presencia -en general- no resulta definitoria en la tendencia, sino aquello que proviene de lo externo y de carteras de porte internacional. Que derraman órdenes en índices de segundo, tercer orden buscando colocar "pimienta" a las posiciones, aunque el riesgo que se asume es mayor. En 2013, fácil es imaginar el aporte hecho por el Merval y su renta, dentro de carteras globales. El ejercicio abrió adverso en primeras sesiones, mejorando el viernes con un repunte de más del 1%.

No por casualidad en esa rueda final se calentaron nuevamente las cotizaciones del dólar paralelo (y el que estuvo transmitiendo su influencia a través de todo el año anterior). Fuertes ataduras unen la Bolsa con el dólar, actuando el segundo como la fuerza de arrastre y haciendo ver que los precios -en pesos- siempre quedan desagiados, ante la moneda extranjera, versión marginal. Una correlación que da para largos festejos, como en 2013, si el esquema va en tal dirección. Si, en cambio, tal fuerza se muestra debilitada, más estable en sus disparadas alcistas, el Merval deberá encontrar otro tipo de estimulante y aquí es donde la situación se hace más compleja. Sin perder de vista aquello del principio, el hecho de indicadores competidores que parten desde todo un ejercicio a pérdidas.

Y que podrían llegar a promover movimientos de recambio de posiciones de orden exterior, tomando ganancias en un recinto y volcándolas en otros (como para repetir el plato de 2013). Los balances, a diciembre, tendrán que aportar también sus argumentos, en tren de evaluar con el necesario raciocionio. (Si es que se utiliza.)

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