13 de enero 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

La historia de los desastres bancarios -made in USA- no tiene a la vista el capítulo final. Siempre se va incorporando más material que recorre el mundo a través de los medios, pero que no genera ningún principio de reacción. Que denote lo delicado de comprobar notables delitos en el seno de un sector bancario, que debería atesorar toda la confianza de los ciudadanos y preservar trayectorias impecables, sabiendo que, dentro del sistema capitalista, un banco es equivalente a una "catedral" (en las comunidades religiosas).

Lejos de ser catedrales, ni siquiera han quedado como simples parroquias de barrio: resultaron hacedores pioneros de la crisis, que se hizo global. Y, peor aún, sin mostrar arrepentimientos por las diversas prácticas nafastas -que a tanta gente han arruinado- y sin cambiar sus políticas, el capítulo que ahora se escribe es el peor de todos. Porque en Estados Unidos, los Reguladores Federales (que no se sabe qué hacían, dónde estaban para evitar el gran desastre) están investigando -y esto es lo que subleva a personas sensatas- "si después del colapso financiero de 2008 siguieron estafando a los inversores mediante la venta de acciones hipotecarias".

Para completar el deleznable escenario, cuando se menciona a los bancos investigados no corresponde preguntar quiénes son los involucrados, sino, al revés, cuáles son -del listado de entidades rectoras- los que quedan fuera del seguimiento. Los reguladores ni resultan demasiado agresivos con la carátula del caso, porque analizan si hubo "errores de interpretación significativos" (?) de parte de las entidades. Y queda ridícula la sospecha, porque se dice que: "las autoridades suponen que los bancos pudieron dar datos falsos para poder comerciar con esas acciones". De comprobarse, esto califica como un desvío gravísimo, pero está visto (el caso Morgan o Goldman Sachs) que la intención de los organismos que investigan es que los banqueros bribones cedan una pequeña parte del "botín" (bajo la fachada de cobrarles multas). Y así, todos siguen avalando el mismo juego de antes: potenciado. Por supuesto que en el recinto de Wall Street los operadores ni se inmutan frente a estos hechos: le dan más manija al Dow Jones cuando un mercado de riesgo -con operadores serios y no jugadores- debería reflejar el disgusto por tener una comunidad bancaria de semejante -y canallesca- escala de valores. Y después hablan de haber salido de la crisis. Fascinante...

Dejá tu comentario