30 de enero 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

La creciente preocupación por la escalada del dólar, en todas sus versiones, va promoviendo medidas que actúen como vallas de contención para la compra y la salida de divisas. El problema es que, por querer aguzar la puntería e implementar nuevos proyectiles esto puede vulnerar principios básicos que sustentan a otros mercados. El caso concreto -que ahora nos ocupa- es lo que se anunció por parte de la CNV y que se dirige -de lleno- al mecanismo operativo de la Bolsa.

El ya famoso instrumento del "contado con liqui", modo que hallaron los operadores para acceder a la compra de dólares utilizando activos cotizantes en Bolsa, había sido suspendido en un período anterior -Moreno mediante- y restablecido cuando asumieron los actuales funcionarios.

Ahora, visto que la vigencia del método no es conveniente, se dicta normativa que así como puede hacer más intrincado el sistema circulatorio, que tiene al dólar como objetivo final, se pisotea, de modo implacable, aquello que constituye una base primordial de la operatoria bursátil. Trabajar con títulos "al portador" y con reserva del "anonimato" (salvo por pedido expreso judicial).

Lo ahora resuelto obliga a que los agentes autorizados informen al mercado -en forma diaria- los datos referidos al inversor: nombre y apellido, la CUIT, qué bono o acción compró (o vendió) y a qué precio. También, el plazo de la operación y en qué moneda se pactó. Con ello, la CNV se regocija en poseer la "información completa", con el fin de fiscalizar y controlar los negocios.

Alquimia

De un solo plumazo se produjo la alquimia de convertir títulos que eran al portador en "nominativos" y -con ello- poner en vigencia aquello que tantas veces se propuso (desde el ministro Gómez Morales, en los 70 y, luego, periódicamente) y otras tantas luego se desestimó. La Caja de Valores sólo informaba acerca de tenencias de sus clientes, en la medida en que existiera debida orden judicial. Lo de ahora llega al extremo de tener que informar diariamente, inclusive con datos que son de exclusiva voluntad del inversor, a qué precio se compra o se vende. Un organismo estatal poseyendo todos los datos de los inversores, a diario, sabiendo qué papeles se adquieren o se venden, se nos ocurre como haber llegado demasiado lejos (y que es un tipo de cambio de reglas del sistema que -según creemos- no estaba contemplado en la nueva ley).

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