25 de febrero 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

"¡Extra!... ¡extraaaa!... Volvió la inflación", simulacro del viejo arquetipo del canillita voceando en esquinas porteñas. Para el caso, reflejando lo que parece estar sucediendo desde todos los sectores -oficiales y privados, analistas y economistas- apuntando al proceso inflacionario como si éste fuera un súbito rebrote, tras largo tiempo de indicadores razonables. ¿O es que cuando las reservas gozaban de otra altura y el déficit y la emisión no eran tan urticantes, la inflación no importaba?... No vale recordar, porque esto es tiempo presente, que hemos venido desde hace muchos años conviviendo con una tasa inflacionaria de un -al menos- 20%/25% anual: ¡acumulativa!

Como el dulce de leche, esto parece otro modelo exquisito de sello nacional: haberse podido sostener, sin que todo explotara, durante tan largo trayecto. Y que la sociedad y sus actores de todo origen lo tomaran como un dato habitual, natural.

Actuando mucho más en función de los falsos datos que enviaba el INDEC que con los verdaderos que se podían chequear ("en las góndolas", diría Moyano). Nosotros no nos vemos como parte de esa comunidad que fue dejando, año tras año, pasar el problema, en tanto el sistema lo aguantara de algún modo.

Periódicamente, con asombro, nos preguntamos cómo era posible que mientras en casi todos los países -salvo alguna excepción, como la nuestra- se ponían frenéticos por tener un nivel de inflación de más de un 6% (Brasil fue un caso testimonial en estos años), en nuestro medio se aceptaba tener que soportar semejantes tasas y que nos llevaba a un riesgo cada vez mayor: a la ya probada "híper" que los argentinos contemplamos. Y de la que demostramos no haber aprendido nada, siempre yendo con el mismo discursillo inicial: "Un poco de inflación es bueno", justificando el regreso del clásico virus de nuestra economía (desde mediados del siglo pasado, en adelante). ¿En qué tratamiento figura que un poco de alcohol es bueno, para quien es un ebrio incurable? Tanta habilidad acumulada poseemos en nuestro país, sobre moverse en estados inflacionarios, que en cuanto la política ensayada le deja hacerse un lugar todos nos acomodamos de inmediato a tratar la inflación como si fuera una virtud. "Hay gente que cree que la estupidez es una virtud y -por eso- la emplea continuamente" (diálogo de una película, con la interesante reflexión). Dejarle el lugar a la inflación, considerarla "buena" en lugar de cortar de cuajo. Para después tratar de ignorarla o fabricarle medidores artificiales, hasta culminar en tratarla como si fuera algo nuevo: es una estupidez...

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