19 de marzo 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

Continuamos con el tema de ayer, referido a las normas que penalizan opiniones que inciden en las alzas, o bajas, de los precios de las acciones. Habíamos traído, desde 1923, el marco que existía en la época y la opinión del autor (Livermore, con el seudónimo Lefevre) que es más que jugosa y muy de actualidad, que es lo principal. Lo dejamos ayer, cuando aseguraba que era más peligroso para el público pagar un precio "inflado" (así lo sintetizamos), que el vender por menos de un supuesto valor. Retomamos, donde Livermore remata el concepto con: "Si existiera una ley que castigara a los mentirosos alcistas, del mimo modo que castiga a los bajistas, creo que el público se ahorraría millones...". Poniéndose a cubierto de seguras críticas que le harían a sus opiniones, se apresura a decir: "Los promotores, manipuladores y otros beneficiarios del optimismo anónimo, le dirán que cualquiera que opera basándose en rumores y declaraciones no firmadas, sólo se debe culpar a sí mismo por las consecuencias." Y remata: "Según este razonamiento, se podría decir también que todo aquel que fuera tan tonto, como para convertirse en un adicto a las drogas no tiene derecho a la protección.."

A partir de esto, Livermore realiza varias exposiciones que definen de manera magistral el ciclo alcista, luego bajista, de un papel y el modo natural en que se generan. Pero, en la bajada -menciona- "probablemente existan muy buenas razones para que lo haga. Pero, estas razones las conocen sólo unas cuantas personas y se las guardan para sí mismos. Y muchas veces, es decir al público que el valor es barato...". En tal caso, acusa a la que llama la gente del "interior" (palabra que implica a quienes son directivos, del interior de las empresas cotizantes). Y prepara un golpe terminante, como corolario y para alertar a todo público. Cuando resume que: "La naturaleza del juego es de unas características tales, que el público debería comprender que la verdad no va a venir de boca de quienes la conocen...". Brutal, lapidario, pero muy valioso para que aquellos inversores "primerizos" (y que se han formado en páginas "rosa", de libros de texto sobre mercado de capitales) no se estrellen contra una realidad distinta y consideren que, una vez puesta a rodar la máquina bursátiles es todos contra todos. Y que los datos "amigos", que se oyen en el ambiente y en los medios son como el canto de sierenas que atraía a Ulises. Un ejemplo clásico, inalterable, es el que se reitera con frecuencia y que contiene expresiones de personajes relevantes que son "gratis", para todo público (y de para seguirla...)

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