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Cupones bursátiles
Si existe cierto consenso -tal es la impresión que nos han causado las declaraciones- acerca de una baja en la adjudicación de la cantidad de préstamos (por el límite que les han impuesto). El siguiente efecto, es que tampoco -los bancos- precisarán de la misma masa de depósitos que movían antes de las nuevas normas del Central.
Tercer paso: que ofrecerían tasas más bajas a los depositantes del sistema. (En este punto, hay discrepancias, porque algunos analistas estiman que no arriesgarán a desarmar la base lograda, de modo ostensible).
En el grueso de la cuestión, existe variedad de criterios que se ensayan. Si bien lo que importa es la actitud que tomen los directivos de las entidades bancarias, el escenario planteado tiene asidero. Y aquí es donde vemos que entra en juego el mercado bursátil, en lo accionario.
Porque, si bien la crítica -y el peligro- es que una cantidad de depositantes se retiren de los plazos fijos (si cae la tasa ofrecida) y vuelvan a ensayar el refugio del dólar como opción válida. La liquidez que quede flotando es -de todas formas- una fuente también posible de arrimar liquidez al mercado de riesgo. Porque el mercado está con un año de generosas utilidades a sus fieles (50% en sólo cinco meses y monedas) y porque el propio dólar paralelo -que ya se puso en marcha- también es capaz de saturar su techo, si llega una masa de adherentes desorbitada. Vayamos a una hipótesis de mínima: dejando de lado que exista la fuente dispuesta a desviarse hacia las acciones, al menos daría cierta solidez a los pisos de los papeles. Porque buena parte de las carteras bursátiles, seguirían en sus posiciones: ante la falta de alternativas y el riesgo de quedarse con lo que abunde y pocos quieren: los pasos en mano. Cuando se está en las alturas, no es tema menor que exista poco incentivo para vender. ¿Verdad, operadores?...


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