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Raúl Baillères aprovechó bien los aires nacionalistas de aquel entonces y compró compañías extranjeras, como El Palacio de Hierro o la Cervecera Moctezuma, y las recicló como mexicanas. Una caída accidental provocó la muerte del patriarca en 1967 y convirtió al joven Alberto en el amo y señor de un gigante que por aquellos tiempos controlaba quince empresas.
Bajo su dirección, las firmas se convirtieron en nueve, entre ellas el Grupo Bal, y el negocio familiar no sólo se consolidó, sino que siguió creciendo -en la actualidad posee una fortuna diez veces mayor que la que amasó su padre-.
Y tiene una afición que lleva en la sangre -los toros-. Antes de crear la plataforma Fusión Internacional por la Tauromaquia, que tiene como fin gestionar plazas en Francia, México, y España compró diversas fincas ganaderas, que se agregaron a las que ya poseía la familia y tiene además la exclusividad de los contratos de Morante de la Puebla.
Su empresa Espectáculos Taurinos de México (Etmsa), la mayor del gremio, es dueña de las plazas de Monterrey, Guadalajara, Aguascalientes, Acapulco, Guanajuato, Irapuato, León y Ciudad Juárez, y gestiona la Monumental Mérida y el Coliseo Yucatán.
Etmsa es, sin embargo, sólo una pequeña parte del emporio de Alberto Baillères, segundo hombre más rico de México -por detrás de Carlos Slim
Su enorme Grupo Bal abarca empresas del ramo de la minería, la metalurgia, los seguros, las finanzas, el comercio, la moda y el sector agropecuario. Mañana continuamos.


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