Victor Lustig - 2a parte - Los seis asistieron a la reunión, en la que Lustig se presentó como el subdirector general del Ministerio de Correos y Telégrafos.
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Primero les explicó que habían sido elegidos por su fama de empresarios honestos y luego dejando boquiabiertos a los convocados les explicó que dado que el costo de mantenimiento de la Torre Eiffel era muy alto, la ciudad no podía mantenerla por más tiempo y que quería venderla como chatarra.
Debido a la cierta y contínua protesta pública por todos conocida, el tema iba a ser mantenido en secreto hasta que todos los detalles fueran resueltos.
Lustig dijo "que le habían asignado la responsabilidad de seleccionar al concesionario para llevar a cabo la tarea de retirar la chatarra de lo que alguna vez fue la Torre Eiffel".
La idea, que hoy en día resulta totalmente inadmisible, no lo era tanto en 1925. La Torre Eiffel había sido construida para la Exposición de París de 1889 ( por los cien años de la toma de la Bastilla) y no estaba destinada a ser permanente. Tendría que haber sido trasladada en 1909 a otra parte ya que no encajaba con otros grandes monumentos de la ciudad, como las catedrales góticas o el Arco del Triunfo. Y además estaba en condiciones pésimas.
Lustig llevó a los hombres a
la Torre en un auto de alta gama alquilado, para realizar una visita de "inspección".
Mientras duró ese "paseo" tuvo la oportunidad de evaluar cuál de los negociantes era el más entusiasta y fácil de engañar.
Luego les comentó que la licitación se realizaría al día siguiente y les recordó que el asunto era un "secreto de Estado". Lo concreto es que Lustig ya había decidido que aceptaría la oferta del comerciante André Poisson, pues era el más inseguro, ya que no estaba en los círculos internos de la comunidad de negocios de París y se mostraba muy interesado en obtener el acuerdo de la Torre Eiffel ya que esta transacción lo pondría a la altura de sus colegas.
No obstante, la esposa de Poisson sospechó de la situación. Para hacer frente a la sospecha, Lustig organizó otra reunión y entonces "confesó" que un ministro del gobierno le dijo que no ganaba lo suficiente como para mantener el estilo de vida que deseaba, por lo que le resultaba necesario encontrar una manera de complementar sus ingresos.
Esto significaba que sus negocios necesitaban un cierto margen de discrecionalidad (que no trascendieran hasta que se hicieran efectivos). Mañana continuamos.
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