26 de diciembre 2017 - 00:00

Cupones bursátiles

Los hermanos Lauder - 2a parte - Los dos hijos de Estée Lauder, que falleció en 2004 a los 97, y tres de sus cuatro nietos ocupan diversos puestos en la fabulosa empresa familiar, Ronald es el presidente de Clinique y tiene dos hijas: Jane dirige Origins y Aerin ha creado una marca propia. Leonard, que empezó a trabajar con sus padres en 1958 y llegó a ser el máximo responsable, ejerce hoy como presidente honorífico. Uno de sus dos hijos, William, fue consejero delegado durante cinco años, pero renunció en 2009 y ahora es director ejecutivo del grupo.

La casa Estée Lauder, en el corazón del Upper East Side de Nueva York, se abrió hace casi cinco años para que Aerin, de 42, presentara un perfume inspirado en un proyecto que su abuela había abandonado en los ochenta.

Con una escenificación donde los miembros de su famillia fueron los principales actores, la

inauguración se desarrolló dentro del concepto "miradas por el retrovisor" que Leonard defiende y su esposa Evelyn apoyaba (falleció un año después.

Algunas armaduras de Ronald decoraban el salón. "Me he criado rodeada de arte", explicaba Aerin. "De hecho el primer recuerdo que tengo de mi padre está relacionado con él.

Era pequeña y no podía dormir. Me sacó de la cuna y me llevó de un lado a otro del pasillo del apartamento, explicándome las piezas". Y la vida siguió y el hijo mayor de los Lauder continuó haciendo historia y dentro de ésta la beneficencia tiene un lugar preponderante.

Estuvo casado con Evelyn 50 años y luego de su fallecimiento comenzó a donar los bienes que compartiera con ella.

Un año después de la muerte de su esposa y ocho de la de su madre Estée Lauder, el presidente de la firma de belleza sacó a subasta un lote de 112 joyas de las dos mujeres de su vida y destinó los beneficios a la Fundación de Investigación del Cáncer de Mama que creó Evelyn en los años noventa.

Sotheby's de Nueva York remató otras 44 piezas del joyero de su mujer, que falleció a causa de un cáncer de ovarios. Leonard Lauder, presidente honorario del conglomerado Estée Lauder, se ganó un sitio de honor en el panteón de los filántropos más generosos de la historia de América.

Los que han trabajado con Leonard cuentan que le gusta establecer un símil entre la gestión de Estée Lauder y la conducción de un coche: "Debes mirar por el retrovisor para saber de dónde vienes y también hacia adelante para ver hacia dónde vas".

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