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Curioso: Lula se despide como un estatista
Luiz Inácio Lula da Silva, quien desde el inicio de su gestión en 2003 se caracterizó por sus políticas pro mercado, sorprende ahora, en el tramo final de su segundo mandato, con varias medidas tendientes a reforzar el rol del Estado en la economía brasileña.
Mientras muchos gobiernos planean estrategias de salida de las medidas contra la crisis adoptadas en el último año, el centroizquierdista Lula da Silva está aprovechando la oportunidad para buscar un mayor rol del Estado en la economía.
Esa mayor intervención ha provocado preocupación sobre las finanzas públicas y genera incertidumbre a los inversores, dado que lo que resta del mandato de Lula da Silva hasta diciembre de 2010 podría ser menos predecible que sus siete años previos en el cargo.
Propuesta
El mes pasado, el Gobierno gravó el ingreso de capitales extranjeros para ayudar a estabilizar la moneda local, el real, y circuló una propuesta para que una empresa estatal expanda la cobertura de banda ancha en competencia con el sector privado.
También amenazó con imponer un impuesto a la exportación de mineral de hierro a fin de presionar a la minera Vale a construir acerías en Brasil.
Además, Lula da Silva busca que el Congreso apruebe un proyecto que aumentaría el control del Gobierno sobre el sector de los hidrocarburos, capitalizaría a la petrolera estatal Petrobras y le otorgaría una parte fija en cualquier asociación en los yacimientos de crudo descubiertos recientemente.
También reforzó al Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) con 100.000 millones de reales (56.600 millones de dólares) del Tesoro Nacional e instruyó a otros bancos estatales a competir más agresivamente con sus contrapartes privados por el liderazgo del mercado.
Preocupación
«Estas señales no son buenas. Estoy muy preocupado y también lo están todos en la industria», dijo Pedro Passos, presidente de IEDI, una consultora de San Pablo. «Cuando el Gobierno comienza a hablar sobre poderosas empresas estatales y grandes planes de desarrollo, tenemos mucha cautela, porque ha fracasado antes», agregó.
Nadie espera que Lula abandone los pilares de la estabilidad económica de Brasil o adopte políticas económicas de izquierda más radicales, a ejemplo de otros países sudamericanos, como Venezuela, Ecuador y Bolivia.
«El Gobierno definitivamente se ha vuelto más afirmativo, pero es una intervención de tipo cautelosa, calculada», afirmó José Luciano Dias, un consultor político en Brasilia.
Pero una ola de exenciones impositivas para industrias clave, grandes préstamos a empresas estatales y un aumento del gasto para financiar un creciente aparato estatal han profundizado el impacto de menguantes ingresos impositivos.
El superávit primario, una medida de la capacidad de un gobierno de pagar su deuda, tuvo uno de sus peores registros en setiembre, cuando cayó a un acumulado del 1,7% del Producto Bruto Interno (PBI) en el año, desde el 5,1% del mismo período de 2008.
Brasil enfrentó la crisis económica global mejor que muchos otros países, recortando las tasas de interés y los encajes bancarios para liberar dinero para préstamos.
También otorgó exenciones tributarias a la industria automotriz y a las empresas fabricantes de algunos artículos para el hogar y preparó a los bancos estatales para aumentar sus préstamos.
Su éxito le dio una voz incluso más autorizada en foros como el Grupo de 20 economías desarrolladas y emergentes, por lo que Lula da Silva parece estar más audaz.
«Repentinamente se dieron cuenta de que nuestra economía era mucho más sólida que la de ellos», declaró a líderes empresariales el mes pasado, en referencia a grandes países industrializados. «Esta crisis está permitiendo que el Estado se convierta en un (verdadero) Estado de nuevo», agregó.
Cuando Lula da Silva asumió la presidencia en enero de 2003, abandonó rápidamente su discurso anticapitalista de líder sindical y siguió el camino centrista de su predecesor, Fernando Henrique Cardoso, al tiempo que gastó más en programas contra la pobreza.
Las políticas amigables con el mercado le valieron el aprecio de Wall Street, pero también le granjearon algunos enemigos en la izquierda, que se sintieron traicionados.
Bajo su Gobierno, la economía de Brasil ha crecido un promedio anual del 4,1%. Aun así, las conversaciones sobre una mayor intervención estatal, mayores déficits presupuestarios y compañías estatales más grandes podrían aumentar el nerviosismo de los inversores.
Agencia Reuters


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