Actualmente, sólo 70 de los 800 venezolanos que trabajan en las embajadas y consulados alrededor del mundo cursaron la carrera diplomática, refirió un funcionario de la Cancillería bajo condición de anonimato.
Es habitual que los presidentes nombren como embajadores a personas de su confianza, aunque carezcan de formación diplomática.
Pero en Venezuela la proporción entre unos y otros está especialmente desequilibrada. Tanto es así que en algunas embajadas venezolanas no hay ni un diplomático de carrera, dijo la misma fuente. Ningún portavoz oficial de la cancillería respondió a las preguntas sobre el tema.
"Hay una desprofesionalización de la diplomacia venezolana, unida con ideologización, militarización y nepotismo", deploró Milos Alcalay, diplomático de carrera y embajador en Brasil y ante la ONU, entre otros cargos, hasta 2004 cuando rompió con el chavismo. "Los pocos diplomáticos de carrera se pueden contar con los dedos. Lo grave es que en los cargos intermedios tampoco hay diplomáticos de carrera, esos cargos también están en manos de no profesionales", agregó.
Según revelaron dos fuentes del Ministerio de Relaciones Exteriroes, ante la llegada de personas ajenas al servicio exterior, la Cancillería tuvo que crear "cursos exprés de diplomático bolivariano". Esos seminarios, cuya duración puede oscilar entre una o dos semanas hasta pocos meses, aspiran a que los designados adquieran nociones básicas de protocolo, asuntos consulares o historia de Venezuela.
Los cursos relámpago contrastan con los seis años que, en promedio, deben estudiar los aspirantes a diplomático de carrera.
Pese a todo, la desprofesionalización del servicio exterior no se tradujo en un aislamiento diplomático de Venezuela, que bajo la batuta del fallecido Hugo Chávez fue impulsor de varios organismos de integración regional, entre ellos Unasur, Alba y Petrocaribe.
Los críticos replican que el papel protagónico de Venezuela en algunos foros internacionales se debe más a la abultada chequera petrolera que a su calidad diplomática.
Y a la hora de poner dudas sobre la capacidad de la diplomacia citan incidentes incómodos, como el malestar que generó en Brasil la reciente visita sin aviso previo del ministro de las Comunas, Elías Jaua, quien además firmó convenios con grupos civiles de ese país.
En Argentina, la ley del servicio exterior permite designar un tope de 25 embajadores políticos, pero el resto de personal en embajadas y consulados son diplomáticos de carrera.
En la vereda de enfrente, varios de los últimos nombramientos del Gobierno venezolano muestran la alta proporción de funcionarios ajenos a la carrera diplomática que parten a destinos estratégicos.
La lista de embajadores incluye varios distinguidos chavistas o sus familiares. María Gabriela Chávez, hija del fallecido líder y egresada en Comunicación Social, fue designada embajadora alterna en la ONU. En Holanda, la embajadora es Haifa Aissami, pariente del gobernador de Aragua y exministro del Interior.
En los últimos días el Gobierno nombró como embajadores en Perú y Canadá a dos militares, el almirante y exministro de Defensa, Diego Alfredo Molero Bellavia y al general y exministro de la Presidencia, Wilmer Barrientos.
A su llegada al poder en 1999, el chavismo intentó mantener un servicio exterior basado en formación y méritos profesionales, pero con los años se eliminó por ley el límite de jefes de misión nombrados por el presidente, dejaron de convocarse oposiciones para ingresar en el cuerpo y se jubiló a un buen número de funcionarios de carrera.
"Vimos cómo antiguos ministros, fracasados en su gestión de gobierno o funcionarios conocidos en el chavismo o familiares o cualquier persona que haya demostrado ampliamente su filiación con el chavismo, fueron enviados al exterior", relató con tono amargo el presidente del Colegio de Internacionalistas de Venezuela, Juan Francisco Contreras.
| Agencia AFP |


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