17 de septiembre 2009 - 00:00

Dan plazo para borocotizarse

Bogotá - Si lo registraran en los récords Guinness, seguramente sería una marca imbatible. A las 12 de la noche del lunes finalizó el plazo que permitía a señorías, concejales y diputados regionales colombianos a cambiarse de chaqueta política sin ser sancionados. Sólo al partido del presidente, Álvaro Uribe, el de la U (Partido Social de Unidad Nacional), que fue el más popular del día, llegaron 21 nuevos representantes entre ambas cámaras, aunque perdió tres, pero si suman los otros cargos públicos de menor rango, los nuevos integrantes se cuentan por centenares.

Si bien el de la U recibió más «travestis» que nadie -otra definición utilizada estas jornadas de conversión-, lo cierto es que sus aliados y adversarios tampoco se quedaron mancos. El Partido Conservador obtuvo 11 nuevos escaños pero se le fugaron cuatro; y el Liberal ganó cuatro y perdió uno. El gran damnificado fue Cambio Radical, que vio partir a 11 y sólo recibió un refuerzo.

El megacambalache tiene su origen en una reciente reforma política que pretende cerrar el paso al transfuguismo en los partidos, algo común en el país. A partir de ahora, quien traicione sus siglas perderá su asiento.

Pero como no querían «limitar el derecho de todo ser humano a cambiar de ideología», según palabras del senador Roy Barreras, permitieron por única vez dar el salto a la formación política que quisieran antes de la medianoche del día 14.

Lo que Barreras llama ideología, los detractores de la medida -como el periodista Daniel Coronell- lo tildan de interés electoral puro y duro, sobre todo hacia las filas uribistas.

El trasfondo de todo hay que buscarlo en la carrera electoral y en el intento de Uribe por volver a presentarse. En marzo hay legislativas y en mayo las presidenciales, y en un país de listas abiertas, donde resultar elegido es una proeza muy costosa, cada cual busca el paraguas que mejor le convenga.

Y el hecho de que tantos vean en la U su futuro significa que apuesta por un tercer mandato del presidente y por contar con un grupo en el Congreso y en el Senado muy fuerte que luego arrastrará votos en los comicios locales venideros.

Al mismo tiempo, servirá para aprobar cualquier ley que necesiten para el referendo que llevará la reelección a buen puerto.

Hay que pensar que, a diferencia de países en los que el partido paga y lleva el peso de las campañas y hace las listas, en Colombia hay que trabajarse la elección a pulso, compitiendo con los compañeros y buscando financiación propia.

Si el candidato al que un senador o un congresista apoyan para la Presidencia resulta ganador, eso les garantiza cargos para sus amigos. Por tanto, las quinielas son importantes para saber con qué caballo se correrá la larga carrera.

El claro ganador de la jornada, si es que se puede llamar así al vencedor de unas prácticas que los electores ven muy mal, ha sido el bloque de los uribistas. Si la Corte Constitucional da luz verde al referendo que posibilitaría reformar la carta magna para volver a presentar su nombre, aún necesitaría llevar a las urnas a un elevado número de votantes, un reto para el que necesita políticos a ras de tierra.

Y si gana, Uribe y sus allegados quieren contar con un grupo parlamentario mayoritario y fiel que no chantajee cada vez que someten una ley a su consideración. ¿Serán fieles los que ahora fueron infieles con otros? Amanecerá y veremos, dicen en Colombia.

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