6 de enero 2016 - 00:00

Davos: Macri sube a Massa al Tango

Sergio Massa estuvo ayer en Tigre junto a Julio Zamora. Alterna los días con Pinamar, donde cocinaba pizza casera cuando lo llamó Marcos Peña.
Sergio Massa estuvo ayer en Tigre junto a Julio Zamora. Alterna los días con Pinamar, donde cocinaba pizza casera cuando lo llamó Marcos Peña.
 Mauricio Macri clausuró una etapa: el massismo sin Massa. El Presidente sumó al diputado del Frente Renovador a la comitiva que viajará al Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, y dejó afuera a Daniel Scioli. La sociedad Macri-Massa asoma como la principal viga política de gobernabilidad especialmente en la provincia de Buenos Aires, pero también en la Nación.

En la noche del lunes, Massa estaba en la casa que alquila en Pinamar junto a Malena Galmarini. Cocinaban pizzas caseras cuando entró el llamado de Marcos Peña. El jefe de Gabinete formalizó la invitación que Macri ya le había adelantado a Massa el 11 de diciembre pasado en Casa Rosada cuando lo recibió un día después de asumir la presidencia.

El acuerdo Macri-Massa nació en las elecciones legislativas de 2013, cuando PRO diluyó su representación bonaerense en la lista de candidatos a diputados nacionales del Frente Renovador. La épica de la sociedad apuntó a detener cualquier intento de reforma de la Constitución nacional para lograr una re-reelección de Cristina de Kirchner. El camino de la campaña presidencial 2015 los convirtió en adversarios y la necesidad de fulminar a Scioli como continuidad del kirchnerismo, tanto bonaerense, vía Aníbal Fernández, como nacional, los volvió a unir.

"Cuanto más dure Macri en el poder, mejor". El mantra massista se repite en el verano. El Frente Renovador necesita tiempo para disolver el poder residual que conserva Cristina de Kirchner. Sólo así podrá volver a parquizar los áridos jardines del peronismo con nuevas especies. En Cambiemos, obvio, susurran el mismo mantra del massismo: "Cuanto más dure Macri en el poder, mejor". En ese delgado pasillo político se mueve Massa, entre la oposición responsable y la alianza funcional.

En la provincia de Buenos Aires es donde el acuerdo Macri-Massa se hace más tangible. María Eugenia Vidal consagró al massista Jorge Sarghini como presidente de la Cámara baja bonaerense. El Frente Renovador accedió a ese sillón, con millonario presupuesto propio, a pesar de ser la tercera minoría en el recinto. Tanto el bloque de Cambiemos como el Frente para la Victoria lo superan en cantidad de integrantes. Con los legisladores de Massa, el Gobierno bonaerense está en condiciones de aprobar el Presupuesto. Pero no llega a la mayoría agravada que demanda la aprobación del endeudamiento por más de 90 mil millones de pesos.

En esa batalla por conseguir los votos del peronismo postkirchnerista en la Legislatura bonaerense, Massa oficia de lazarillo de varios intendentes del Frente para la Victoria que, a diferencia de José Ottavis, ya no acatan órdenes de la expresidente Kirchner. En la cumbre del lunes pasado por la tarde-noche en Almirante Brown, los intendentes del FpV suscribieron un petitorio para solicitarles a los legisladores peronistas que aporten a la gobernabilidad de la gestión de Vidal. Necesitan esos fondos para pagar salarios y obran tanto como la gobernadora. Dentro del cosmos de intendentes peronistas postkirchneristas, Massa tiene una miniliga de allegados: Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Gabriel Katopodis (San Martín), Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas) y Gustavo Menéndez (Merlo), entre otros. Son jefes comunales jóvenes que, en su mayoría, deplazaron a barones del conurbano. Y todos se sumaron a la línea de Massa en la Legislatura: aportar gobernabilidad. En ese entramado aparecen otros pares generacionales de Massa, como el ministro de Gobierno bonaerense, Federico Salvai, y Alex Campbell, subsecretario de Gobierno y Asuntos Municipales.

El Gobierno nacional oxigena al Frente Renovador con cargos en organismos de control y con directores en el Banco Provincia y otras instituciones del Estado. El acuerdo en la provincia de Buenos Aires es, al menos por ahora, operativo. La incógnita se mantiene de cara al inicio de sesiones ordinarias, a partir del 1 de marzo, en el Congreso de la Nación. Allí el Gobierno nacional acumuló ya cuatro decretos de necesidad y urgencia que necesitan aval parlamentario: la reforma a la Ley de Ministerios, la suspensión de la entrada en vigencia del nuevo Código Procesal Penal de la Nación, el traspaso de las escuchas telefónicas a la Corte Suprema de Justicia y la disolución de la AFSCA y el AFTIC con reforma a la ley de medios incluida.

En minoría casi irremontable en el Senado, el Gobierno de Macri tiene en los 40 votos del Frente Renovador en Diputados su única salida a la gobernabilidad legislativa. Los casi 90 votos del colectivo Cambiemos, sumados a la capacidad de fuego del Frente Renovador, aparecen como el camino más directo para blindar los DNU. Y para hacer avanzar proyectos de ley que ya se pulen en el Ministerio de Hacienda de Alfonso Prat Gay: la derogación de la ley cerrojo y de pago soberano para volver a negociar con los holdouts. En el Senado, donde Cambiemos cuenta con apenas 12 bancas sobre un total de 72, se festejó que el POder Ejecutivo Nacional ordenara avanzar con la designación de Ricado Echegaray como titular de la Auditoría general de la Nación. Esperan que ese gesto hacia el peronismo ayude a lograr consensos en el recinto. Allí deberán aprobarse, con dos tercios de los votos, los pliego para cubrir vacantes en la Corte Suprema.

Ayer Massa explicó que decidió aceptar la invitación de Macri a Davos para "demostrarle al mundo que estamos dispuesto a dar un salto de calidad. Que todos nos ponemos el overol para conseguir inversiones, que vamos hacia liderazgos democráticos", Y agregó que su objetivo no es representar a su partido sino "acompañar al presidente para que los dos, con la camiseta de la Argentina, podamos conseguir trabajo para el país".

Por las dudas, le avisó a Macri que el altruismo político no dura para siempre: "Soy peronista. Soy un dirigente opositor que siempre le va a marcar al Gobierno lo que está mal y voy a defender a los más de 5 millones de argentinos que confiaron en nuestra propuesta". El acuerdo durará podría expirar en 2017, cuando se renueven dos bancas de la provincia de Buenos Aires en el Senado de la Nación y Massa enfrente, no sólo al macrismo, sino también a lo que pueda aspirar Scioli.

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