13 de diciembre 2012 - 20:00

De la montaña rusa de 2012 a la gran incógnita de 2013

No fue éste un buen año para los bonos. Hubo ganancias en pesos, pero en términos reales fueron mínimas porque debieron luchar con la enorme pendiente que significa derrotar una suba de precios estimada en poco más del 25%.

De esta manera, los bonos en dólares de mediano plazo con subas de poco más del 30% implican un magro margen de ganancia que se empequeñece comparándolo con la suba del dólar marginal en los primeros once meses del año, que alcanzó a casi el 40%.

Como la Argentina está dolarizada, el balance de los inversores es cuánto ganaron medido por la moneda norteamericana. Para el inversor que asumió riesgos, esa ganancia es apenas leve por encima de la inflación, pero por debajo de la suba del dólar «blue» no es un triunfo. Es cierto que en el medio hubo pago de intereses en dólares billete, que es una buena compensación pero que no conforma.

Los bonos en dólares tuvieron que enfrentar problemas de desconfianza por los que no habían pasado antes durante la gestión de Cristina de Kirchner.

Siempre se dijo que el rendimiento de los títulos en dólares era demasiado elevado para un país que paga en tiempo y forma sus vencimientos. Tener rentas en dólares de dos dígitos tentó a los inversores, que subieron considerablemente los rendimientos de sus carteras poniendo en un lugar privilegio a los bonos de mediano plazo, en particular a los Boden 2015 y Bonar X. Ambos papeles comenzaron a reinar después del vencimiento definitivo del 3 de agosto de los Boden 2012, que fueron el verdadero «boom» del año a favor del cepo cambiario.

Era tanta la ansiedad a mediados de año por hacerse de dólares billetes, que se compraba el Boden 2012 a una paridad de hasta $ 6,70 por dólar. En el «blue», la moneda norteamericana en ese momento cotizaba a $ 6,20. El 3 de agosto, cuando fue cancelado este bono que se entregó a los tenedores de plazos fijos en dólares que quedaron atrapados en el «corralito», se terminó el último gran refugio de los inversores más conservadores.

Si bien el Boden 2015 y el Bonar X en dólares que vence en 2017 comenzaron a lucir, el brillo duró poco. A principios de octubre se pesificaron los bonos de Chaco. Era un vencimiento de poco más de u$s 200 mil, pero el Banco Central le negó los dólares a la provincia. El derrumbe de los títulos soberanos en dólares que no tenían legislación extranjera fue inmediato. La presidente de la Nación debió salir a aclarar que la medida de pesificación regía sólo para los bonos de provincia que no estuvieran amparados por la legislación de Nueva York. Los Boden 2015 y los Bonar X quedaron a salvo, pero nada iba a ser como antes. Es como un automóvil cero kilómetro que sufrió un choque. La reparación pudo haber sido perfecta, pero toda la vida seguirá siendo un vehículo que vale menos que uno que está intacto.

Pronto Tucumán se adhirió a la pesificación de Chaco y empeoró el sentir de los inversores. Esos bonos provinciales tuvieron derrumbes de hasta un 30%. Mientras tanto, los bonos soberanos detuvieron su avance arrollador y comenzaron a mezclar alzas y bajas.

Como los títulos en dólares eran la mejor opción ante el billete norteamericano, esta situación no sólo aumentó la demanda del «blue» sino que aceleró la salida de capitales. El «dólar fuga» se instaló muy por encima de los $ 7 y siguió su avance batiendo récord tras récord. La suba del «contado con liquidación», como también se denomina a este mecanismo para enviar divisas al exterior, coincidió con la aceleración del retiro de los depósitos en dólares de los bancos, que se había calmado tras el endurecimiento del cepo cambiario a principios del segundo trimestre del año.

Así llegó noviembre, un mes negro. Un fallo del juez de Nueva York, Thomas Griesa, puso al país al borde del default. En ese momento los inversores cayeron en la cuenta que el embargo de la fragata Libertad no fue un hecho aislado, sino que se estaba materializando la ofensiva de los «holdouts» que no aceptaron el canje de la deuda.

Pocos días después la Cámara de Apelaciones suspendió la condena que se le impuso al país de pagar u$s 1.330 millones.

Los cupones en dólares, que fueron las principales víctimas de ese fallo porque pagaban renta a mediados de diciembre y llegaron a estar abajo del 24%, en tres días recuperaron lo perdido.

El fin de año llega con incógnitas. Ahora todos miran a febrero, cuando habrá que presentar una propuesta en Nueva York a los «holdout». Nada se resolvió, todo está en suspenso. En este clima, los inversores piden más rendimiento para quedarse en los bonos.

En el mercado accionario estos impactos se sintieron. Bajó el volumen de negocios y cuando se hizo la reforma que dio más poder a la Comisión de Valores, y permite a los socios minoristas pedir la intervención de la empresa, la desconfianza volvió. Sólo quedaron especuladores y cazadores de oportunidades.

Si hubiera que definir el 2012 del mercado financiero, se puede hablar de una gigantesca montaña rusa.

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