30 de junio 2010 - 00:00

De tal Putin, tal servicio secreto

Moscú - El servicio secreto exterior ruso, el SWR, está en el centro de un escándalo de espionaje en Estados Unidos, que ha despertado los recuerdos de tiempos de la Guerra Fría. Rusia rechaza las acusaciones, pero incluso países como Alemania y Francia observan con preocupación las actividades de agentes rusos.

El SWR moscovita busca sin tapujos jóvenes agentes en su web «que se sientan atraídos por el romanticismo de la profesión de espía». Una de las tareas clave descriptas dice: «Ayuda en el desarrollo económico y el avance técnico científico del país».

Tras la detención de once supuestos espías en Estados Unidos -el último de ellos en Chipre- que supuestamente reunieron datos para Rusia, hay numerosas cuestiones abiertas.

El ministro alemán del Interior, Thomas de Maizière, advirtió al presentar el informe de protección a la Constitución el pasado 21 de junio del peligro sobre todo del espionaje económico. «Estados como Rusia y China realizan con sus servicios de noticias un espionaje activo en los campos económicos, científico y de investigación», aseguraba. Acusaciones similares llegaron también de Francia: medios parisinos y el diario Novaya Gazeta, crítico con el Kremlin, implicaron incluso a la Iglesia ortodoxa rusa. Al patriarca moscovita se le otorgó una finca en un lugar privilegiado en París pagado con dinero estatal. Según sospechan las autoridades, allí mismo, bajo el tejado de la Iglesia, «la catedral del espionaje», según Novaya Gazeta, se encuentra la mayor central de agentes rusos.

Supercerebro

Críticos del Gobierno ruso ven aquí, como frecuentemente y como siempre sin pruebas, al ex jefe de los servicios secretos Vladimir Putin como el «supercerebro» en las sombras. La finca de la Iglesia en París es un «maravilloso y sorprendente buen puesto», citan los medios a Putin.

Sobre las nuevas inculpaciones procedentes de Estados Unidos volvió a pronunciarse el predecesor de Putin en el cargo de jefe de los servicios secretos internos FSB, Nikolai Kovaljov, que intentó echar abajo las acusaciones hablando de «un número humorístico», una «completa tontería», o una «novela policiaca barata por debajo del nivel de Agatha Christie».

Sin embargo, el propio Putin en 2007, cuando era todavía jefe del Kremlin, señaló el creciente significado del espionaje exterior. «De la calidad de sus informaciones depende directamente la efectividad de nuestras decisiones de política interior y exterior», dijo entonces.

Agencia DPA

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