Algunos balances que desilusionaron (IBM, Intel, Black Rock, etc.), preocupación en Europa por la renuencia inglesa a seguir «inflando» su economía y una preocupación aun mayor por el real estado financiero de los bancos españoles (deben incrementar de manera urgente previsiones y capital) y poco más, bastaron como excusa para justificar el 0,63% que cedió el Dow al cerrar en 13.032,75 puntos. Tal vez lo de ayer no haya sido más que un «ajuste» a las dos subas previas, pero mejor no confiarse hasta que no sepamos hoy qué pasa con la colocación de bonos españoles y algunas menudencias más. En tanto, el mundo sigue avanzando. Con sólo un papel cotizante, Camboya inauguró ayer su Bolsa demostrando que en las sociedades racionales (en especial las que sufrieron de verdad) la liberta de las personas, bienes y comercio es un bien fundamental que tarde o temprano se recupera y prevalece. Phon Penh Water Supply fue sobresuscripta 17 veces y el papel trepó un 48% en su primer día de cotización, lo que convirtió a la Bolsa de Phon Penh en la ganadora del planeta. Del otro lado del mundo, la involución del mercado de capitales argentino -con la merma de bienes asociados: libertad, derechos de las personas, etc.- se reflejó con el brutal desplome de YPF, que contrastó con la firmeza de la Noruega Statoil, que anunció la privatización total de parte de sus operaciones. Es interesante que a pesar del enfrentamiento con el Gobierno argentino la petrolera Repsol está siendo valuada, por el mercado y muchos analistas, mejor que sus otros pares europeos...
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